viernes, 21 de diciembre de 2012

Me alegraría de otra muerte

Acabo de terminar de leer Me alegraría de otra muerte, novela de Chinua Achebe traducida por Marta Sofía López Rodríguez y publicada por la editorial DeBolsillo. Este libro pertenece a la segunda tanda de Libros de ResistenciaNo hace mucho que descubrí a este autor maravilloso (gracias Mariona) y me prometí seguir leyendo libros suyos. Aquí va la reseña de la lectura de hoy.


Esta novela nos cuenta los avatares de un joven nigeriano perteneciente a la cultura de Umuofia, que, tras pasar unos años estudiando en Inglaterra vuelve a su país para ocupar un cargo en la administración pública y, a pesar de que el futuro parece que se le presenta de cara, se va enredando en pequeños (y grandes problemas) hasta acabar inculpado por aceptar un soborno.
Esta novela, de lectura amable, sencilla, esconde tras sus páginas multiplicidad de asuntos y cuestiones muy interesantes. Por ejemplo, si nos fijamos en la figura del protagonista, Obi Okonkwo, vemos que según avanza la novela se va marchitando como una hoja que amarillea y anticipa su caída del árbol, cada paso que da le aleja de la comunidad protectora. Podría afirmar que esta novela habla del individuo y del grupo, de la necesidad de vivir la propia vida (y del individualismo) frente a la vida en comunidad, donde el grupo habla y reflexiona y discute y decide sobre cuestiones de la comunidad, pero también, de los individuos que la conforman. Pero igualmente podría decir que en esta novela se tocan otros temas fundamentales: tradición versus modernidad, materialismo versus idealismo, etc. Es en verdad un libro lleno de lecturas y posibilidades.
Una de las cosas que más me gustan de este autor es cómo consigue atrapar la rica tradición oral, la maravillosa manera de hablar y dialogar que permanece ¡tan viva! en muchas culturas africanas. El lenguaje sosegado, el tiempo preciso para decir las cosas, los pasos que se articulan alrededor de cada frase... es todo un regalo.

En el libro aparecen también los cuentos contados en algunos pasajes. Por ejemplo en este momento en el que se muestra el dilema de la madre del protagonista, una excelente narradora que no cuenta los cuentos tradicionales porque son paganos:
"Obi solía preguntarse si, por sí misma, [la madre] no hubiera preferido contarles a sus hijos los mismo cuentos que a ella le contaba su madre. De hecho, solía contarle historias a su hija mayor. Pero eso era antes de que Obi naciera. Dejó de hacerlo porque su marido se lo prohibió.
-No somos paganos -le había dicho-. Esas historias no son para gente de iglesia.
Y Hannah había dejado de contarles a sus hijos cuentos tradicionales.
(...)
Sin embargo, había retrocesos ocasionales en esta cruzada. Uno o dos años después, cuando Obi empezó a ir al colegio, ocurrió uno de esos retrocesos. Había una clase que él amaba y temía a partes iguales. Era "Expresión oral". En esa hora el maestro le pedía a cualquier niño que le contara un cuento a la clase. A Obi le encantaban esas historias, pero él no sabía ninguna para poder contarla. Cuando se puso en pie ante sus compañeros estaba temblando.
-Olulu ofu oge -empezó con la fórmula de los cuentos tradicionales, pero eso era todo lo que sabía.
Sus labios se movían, pero de ellos no salía una palabra. La clase estalló en una risa burlona, y sus ojos se llenaron de lágrimas, que le caían por las mejillas mientras volvía a su sitio.
Nada más llegar a casa se lo contó a su madre. Ella le dijo que tuviera paciencia hasta que su padre fuera a la oración de la tarde en la iglesia.
Algunas semanas más tarde el maestro volvió a llamar a Obi. Se enfrentó audazmente a la clase y contó una de las nuevas historias que su madre le había enseñado. Incluso añadió un pequeño toque al final que hizo reír a todo el mundo." (pp. 80-81)

En suma, una novela emocionante, rica, intensa, de lectura amable, que te lleva en un abrir de páginas al corazón de África. Una lectura maravillosa. Y no será la última que recomiende de este autor. Seguro.
Saludos

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