sábado, 6 de abril de 2019

Hablar con un personaje

Hoy termino esta primera semana de gira contando cuentos por Cantabria (la próxima semana, más). Han sido unos días muy gozosos, con muchos momentos estupendos, con llenos de público en todas las funciones (público del lugar pero también público de sitios cercanos ¡o lejanos! Ayer una pareja vino de un lugar a hora y media de distancia para escuchar ¡y ya echan el final de semana por aquí!). En todas las funciones he tenido momentos memorables, pero es que ayer pasó una cosa en Mazcuerras que fue insólita. A ver cómo os lo explico.

Foto de la sesión. María Jesús Recuero

Estaba contando para público adulto y entre el público había tres mujeres que intervenían de vez en cuando, comentando en voz alta entre ellas, conmigo... en fin. Ya os he dicho muchas veces que los cuentos no son monólogos, son diálogos, y estas cosas que ocurren (con menor o mayor intensidad) uno no deja de incorporarlas al relato (tratando que el relato no quede diluido entre glosas y diálogo escénico), porque lo primordial es el cuento (al menos, así opino yo). Ayer estas tres mujeres rozaban el límite, un poco más y podrían haber entorpecido el cuento, y la verdad es que me tuve que emplear a fondo con ellas para lograr mantener el equilibrio y que sus intervenciones fueran sumando al cuento, en vez de ir restando. Creo que salí airoso y la función fue muy divertida, y que el trabajo con estas tres mujeres funcionó bien (por lo que me contaron después algunas personas del público: ¡qué juego te han dado esas tres!, me decían; sí, sí, pensaba yo, pero si me pillan hace diez o quince años lo mismo me tumban el cuento o me cabrean ahí en escena, que la cosa no es tan sencilla).
Bueno, pero esto no es lo fascinante de ayer, lo fascinante es que en un momento de este toma y daca, estos saltos de vallas mientras iba yo corriendo el cuento, una de las tres mujeres no se dirigió directamente a mí, sino que se puso a hablar con uno de los personajes del cuento. Yo estaba contando una parte del cuento en el que había ordenado espacialmente la secuencia para que la gente supiera dónde estaba uno, dónde estaba otra, en fin, apenas una pincelada, y como si el personaje hubiera adquirido corporeidad y se hubiera hecho presente ahí a mi lado, esta mujer se puso a hablar con él (mirando en la dirección donde estaba, concretamente a mi derecha) intentando que hiciera otras cosas distintas a lo que tenía que hacer para que el cuento siguiera su curso natural. Fue absolutamente fascinante, sorprendente, maravilloso. Obviamente paré el cuento y me puse a comentar lo que estaba sucediendo (a metacontar, quienes me conocéis sabéis que es algo que disfruto mucho), porque esta mujer no era consciente de lo que estaba haciendo y en ese instante, cuando me pongo a explicar lo que está intentando todos nos quedamos maravillados. Intentó saltar por encima de mi narrador y el cuentista que soy y que fue consciente tomó la voz para explicarlo (si no entendéis la diferencia entre narrador y cuentista os enlazo a la teoría de los desdobles).

El público da carne a los personajes de los cuentos, da materia a los escenarios, viste la voz (palabra, aliento, sonido, prosodia) de color, volumen, tacto, olor... y en el instante mismo en el que un cuento es contado todo está sucediendo de verdad. Es más que si estuvieran viendo una película, es un viaje asombroso, es estar ahí, dentro de un lugar donde suceden cosas maravillosas (o divertidas, o tristes, o sorprendentes...) y donde incluso, de vez en cuando, alguien del público se atreve a levantarse de su discreto rincón de oyente/mirón y conversa con los personajes o cambia un jarrón de lugar o se entretiene mirando para otra parte... y eso a pesar de que el narrador es el que está articulando y sosteniendo ese mundo que se superpone a este.
Me recordó a Niebla, de Unamuno (salvando las distancias, por favor), pero quizás esto es un paso más allá, pues no es el narrador ni el cuentista quien es interpelado por el personaje, es como si un lector pudiera conversar directamente con el personaje pasando por encima del escritor. Eso fue lo que pasó ayer.
En fin, cosas que pasan cuando uno cuenta. Hallazgos. Momentos insólitos.
Saludos

4 comentarios:

  1. Me hubiese fascinado estar allí observando esto que cuentas!

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  2. Una lección maravillosa. En el más amplio sentido de la palabra. Gracias por compartir. Uno sigue aprendiendo función tras función. Gracias Pep.

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  3. Doy fe. Lo pasamos genial. Estuvimos casi dos horas disfrutando muchisimo! Y yo, que estaba sentada al lado de las tres mujeres, oia sus comentarios y en alguna ocasion literalmente no podia parar de reir...buenisimo!

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  4. Quedar ( todos ) maravillados: no otro es el mejor efecto y contagio de toda narración. Fascinante experiencia, Pep.

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