Como si alguien hubiera entrado en La tienda de las palabras, la fabulosa novela de Jesús Marchamalo (en ed. Siruela), y hubiera decidido hacer realidad algunas ideas y sueños que transitan sus páginas, leo con gran sorpresa (gracias a la web de Los Filólogos) que en Berlín hay un "Museo de Letras Rescatadas". Aquí os dejo el enlace para que podáis leerlo con vuestros propios ojos y disfrutar de un buen puñado de fotos.
A veces la realidad y la ficción se abrazan. Este museo es el botón de muestra.
Saludos
miércoles, 29 de agosto de 2012
martes, 28 de agosto de 2012
No al 21% de IVA en cultura
Como ya he explicado en otros post (por ejemplo aquí), la subida del IVA del 8% al 21% para las actividades culturales supone prácticamente el fin de mi labor profesional (de manera legal): contar cuentos es un oficio inviable. Pura ficción.
No soy el único que lo dice (por ejemplo, aquí).
Vuelvo a incidir en la cuestión. Ahora de manera más visual:
Saludos
lunes, 27 de agosto de 2012
Volar del nido
En uno de los muros del patio de casa hace ya un par de años (al menos) que anida una pareja de colirrojo tizón, unos pájaros negros con la cola larga y roja, muy hermosos. Esta mañana mientras desayunábamos, del hueco donde está el nido salieron los dos adultos y hasta cinco crías (bastante grandes ya) a dar sus primeros vuelos por el patio.
Desde la cocina podíamos ver a los siete pájaros aleteando y volando un largo rato.
Todavía estoy emocionado por el espectáculo.
Saludos
PS. La foto está tomada de internet. Esta mañana no me moví de la mesa ni para coger la cámara ;-))
Desde la cocina podíamos ver a los siete pájaros aleteando y volando un largo rato.
Todavía estoy emocionado por el espectáculo.
Saludos
PS. La foto está tomada de internet. Esta mañana no me moví de la mesa ni para coger la cámara ;-))
miércoles, 22 de agosto de 2012
La sieste des Énormes
Ya os dije que La siesta de los Enormes acababa de ser publicado en otros idiomas (cinco en total) y hoy me ha llegado (vía Mariola Campos) la noticia de esta breve y hermosa reseña del libro en francés.
Aquí os la dejo.
Saludos
Aquí os la dejo.
Saludos
La historia interminable
Siguiendo con las relecturas de buenos libros que leí hace ya unos cuantos años y que vuelvo a disfrutar ahora, es el turno de un libro fantástico, una obra clásica de la LIJ contemporánea: La historia interminable, de Michael Ende, uno de mis autores favoritos. Esta edición traducida por Miguel Sáenz, ilustrada (letras capitales) por Roswitha Quadflieg y publicada en 1992 por RBA Editores.
Hace por lo menos veinte años que leí este libro y recuerdo que me gustó mucho, especialmente la primera parte. Sin embargo, en esta nueva relectura creo que me ha gustado más la segunda parte (supongo que los libros cambian porque nosotros cambiamos). De cualquier forma todo el libro es espectacular. Pero vayamos con algo más de orden.
Lo que cuenta La historia interminable es bastante conocido: Bastián, un niño que ha perdido a su madre y que no es demasiado feliz con los otros niños de su clase, roba un libro y se esconde en el desván de la escuela para leerlo. Se trata de La historia interminable, un libro en cuya primera parte se nos cuenta cómo el mundo de Fantasia está siendo destruido por una masa oscura y negra, y sólo podrá ser salvado cuando un humano entre en Fantasia y dé un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Atreyu, un piel verde, recibe la misión de traer a ese humano hasta Fantasia, y Fújur, el dragón de la buena suerte, lo acompañará desde el momento en el que sus caminos se cruzan. Bastián, leyendo el libro desea ayudar y salvar Fantasia y, en un momento, grita un nuevo nombre para la Emperatriz Infantil y entra en Fantasia. Hasta aquí la primera parte. Y a partir de ahí comienza el deambular de Bastián por Fantasia, su cambio (ojo, no cambio, su deseo de ir siendo otro) a golpe de deseos cumplidos, la espiral en la que acaba cayendo y las dificultades para lograr salir de Fantasia y volver a su mundo con su padre.
Contaba mi profesor Antonio Fernández Ferrer, quien tuvo la suerte de conocer y charlar en alguna ocasión con Michael Ende, que el autor alemán le dijo que escribió este libro con intención de crear un clásico, un libro que se siguiera leyendo. Y bien que lo consiguió. Este libro es, sin lugar a dudas, un puntal del canon contemporáneo de la LIJ, un libro imprescindible para niños, jóvenes y adultos.
En La historia interminable y, desde mi punto de vista, funcionan perfectamente varios elementos que hacen de él un libro extraordinario:
He recogido además unas cuantas citas sobre narración y ficción que no me resisto a transcribir aquí:
[Hablando de la corte de Fantasia, no podíamos faltar ;-))]: "En todos aquellos edificios vivía la corte que rodeaba a la Emperatriz Infantil: tesoreros y sirvientas, sabias y astrólogos, magos y bufones, mensajeros, cocineros y acróbatas, funámbulas y narradores de historias, (...)" (p. 29)
Un personaje especialmente interesante es La voz del silencio (todo el capítulo VII), llamada Uyulala, la voz que corre por el viento y que habla en verso: la voz de los viejos aeda que contaban historias, mitos, cuentos, narraciones... Una voz que a veces "sonaba más fuerte, otras más débil, pero sin cesar nunca por completo. Hasta cuando no cantaba o cuando hablaba él, flotaba siempre a su alrededor, en un tono constante" (p. 108). La voz cuyo "cuerpo es acento y tono" (p. 109) y que incluso en silencio pervive "¡recuerda el canto dormido!" (p. 113)
[La ficción como vía de perfectibilidad de la realidad]: "Todos los [humanos] que estuvieron con nosotros aprendieron algo que sólo aquí podían aprender y que los hizo volver cambiados a su mundo. Se les abrieron los ojos, porque pudieron veros con vuestra verdadera figura [a los habitantes de Fantasia]. Por eso pudieron ver también su mundo y a sus congéneres con otros ojos. Donde antes sólo habían encorado lo trivial, descubrieron de pronto secretos y maravillas." (p. 170)
"¿No sabes que Fantasia es el reino de las historias? Una historia puede ser nueva y, sin embargo, hablar de tiempos remotos. El pasado surge con ella." (pp. 224-225)
[Uno de los lugares protagonistas de Fantasia es Amarganz, cuyos habitantes ¡son cuentistas!]: Los amargancios, por una viejísima tradición, somos los cantores y cuentistas de Fantasia. Nuestros niños son iniciados muy pronto en ese arte. Cuando se hacen mayores, deben viajar muchos años por todos los países y ejercer esa profesión para utilidad y provecho de todos. Por eso se nos acoge en todas partes con respeto y alegría. Sin embargo, nos preocupa una cosa: nuestro repertorio de canciones e historias no es muy grande. Y tenemos que repartirnos ese poco entre muchos. No obstante, se dice que en tu mundo eras [habla a Bastián] conocido por tu capacidad para inventar historias. (...) Yo y mis conciudadanos te quedaríamos indeciblemente agradecidos si quisieras ofrecernos algunas historias nuevas." [La historia continúa cuando los amargancios cuentan su repertorio completo de unas cien historias, canciones y poesías y Bastián, a cambio, es cuenta una historia que les abre las puertas de una biblioteca que custodia muchas otras historias] (pp. 253-259)
[En la Ciudad de los Antiguos Emperadores Bastián se encuentra con los humanos que no supieron salir de Fantasia porque perdieron todos sus recuerdos y agotaron todos sus deseos, humanos que]: "ya no saben narrar. Han perdido el lenguaje" (p. 359)
En fin, no quiero aburriros con más citas y sí animaros a que leáis este libro si todavía no lo habéis hecho y a que lo releáis si ya habíais paseado antes por sus páginas hermosas. Un libro maravilloso. Imprescindible. Delicioso. Una lectura totalmente necesaria.
Saludos
PD: Juan, mi hijo mayor, también leyó este libro recientemente. Su opinión aquí.
Hace por lo menos veinte años que leí este libro y recuerdo que me gustó mucho, especialmente la primera parte. Sin embargo, en esta nueva relectura creo que me ha gustado más la segunda parte (supongo que los libros cambian porque nosotros cambiamos). De cualquier forma todo el libro es espectacular. Pero vayamos con algo más de orden.
Lo que cuenta La historia interminable es bastante conocido: Bastián, un niño que ha perdido a su madre y que no es demasiado feliz con los otros niños de su clase, roba un libro y se esconde en el desván de la escuela para leerlo. Se trata de La historia interminable, un libro en cuya primera parte se nos cuenta cómo el mundo de Fantasia está siendo destruido por una masa oscura y negra, y sólo podrá ser salvado cuando un humano entre en Fantasia y dé un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Atreyu, un piel verde, recibe la misión de traer a ese humano hasta Fantasia, y Fújur, el dragón de la buena suerte, lo acompañará desde el momento en el que sus caminos se cruzan. Bastián, leyendo el libro desea ayudar y salvar Fantasia y, en un momento, grita un nuevo nombre para la Emperatriz Infantil y entra en Fantasia. Hasta aquí la primera parte. Y a partir de ahí comienza el deambular de Bastián por Fantasia, su cambio (ojo, no cambio, su deseo de ir siendo otro) a golpe de deseos cumplidos, la espiral en la que acaba cayendo y las dificultades para lograr salir de Fantasia y volver a su mundo con su padre.
Contaba mi profesor Antonio Fernández Ferrer, quien tuvo la suerte de conocer y charlar en alguna ocasión con Michael Ende, que el autor alemán le dijo que escribió este libro con intención de crear un clásico, un libro que se siguiera leyendo. Y bien que lo consiguió. Este libro es, sin lugar a dudas, un puntal del canon contemporáneo de la LIJ, un libro imprescindible para niños, jóvenes y adultos.
En La historia interminable y, desde mi punto de vista, funcionan perfectamente varios elementos que hacen de él un libro extraordinario:
- Existe un equilibrio perfecto entre acción/aventura y mensaje (o carga didáctica, si se quiere), convirtiéndolo, por tanto, en un libro perfecto para disfrutar y, al mismo tiempo, un libro perfecto para reflexionar (solo o en compañía). El propio autor pone en boca de Bastián palabras sobre esta cuestión: "No le gustaban los libros en los que, de forma avinagrada y con mal humor, se contaban acontecimientos totalmente corrientes de la vida totalmente corriente de personas totalmente corrientes. (...) le daba cien patadas cuando se daba cuenta de que lo querían convencer de algo. (...) Bastián prefería los libros apasionantes, o divertidos, o que hacían soñar: libros en los que personajes inventados vivían aventuras fabulosas y en los que uno podía imaginárselo todo." (pp. 27-28)
- El despliegue de la imaginación deslumbra, fascina. Ende es capaz de soñar (y compartir) admirables países de ficción. Igualmente sucede con algunos de sus personajes y lugares (la Casa de Cambio y Doña Aiuola, por ejemplo). E insisto: la carga metafórica de todos estos espacios, personajes, momentos... es extraordinaria y funciona. Imágenes tan potentes como El templo de las Mil Puertas, o personajes como Yur el minero ciego, o Vetusta Morla... (en muchos libros de literatura fantástica se hecha de menos este contenido metafórico directo, hondo, rico).
- La trama de la historia es perfecta: un viaje de ida hacia Fantasia (y hacia dentro) y un viaje de vuelta al mundo real (hacia fuera). Y está contada de manera magistral. Igualmente insisto: el motor de esa trama funciona también desde la perspectiva didáctica: salvar la fantasía, moverse a golpe de deseo (y sucumbir en el pozo inagotable de los deseos), la necesidad de amar...
- La empatía inevitable del lector con el lector protagonista es férrea y hace de éste un libro especialmente emocionante, que nos toca, nos abraza y nos lleva de la mano: un libro en el que, en verdad, entramos.
- Y otros muchos aspectos que funcionan: el viaje de ida y vuelta en dos planos distintos y entrelazados (realidad y ficción), la evolución del protagonista, la puerta de entrada que comunica ambos mundos (el libro), la coherencia de los mundos creados y sus vinculaciones (las mentiras del mundo real, los sueños perdidos), la valoración positiva de la explicación fantástica de la realidad (frente al racionalismo actual)... Brevemente diré sobre esta última cuestión que me entristece mucho hoy en día encontrarme cada vez con más niños y niñas incapaces de imaginar y de ver la realidad desde una óptica fantástica: eso de que "no te entre en la cabeza" que la luna es un plato de natillas cuando eres un niño de siete años, más que tristeza da pavor.
He recogido además unas cuantas citas sobre narración y ficción que no me resisto a transcribir aquí:
[Hablando de la corte de Fantasia, no podíamos faltar ;-))]: "En todos aquellos edificios vivía la corte que rodeaba a la Emperatriz Infantil: tesoreros y sirvientas, sabias y astrólogos, magos y bufones, mensajeros, cocineros y acróbatas, funámbulas y narradores de historias, (...)" (p. 29)
Un personaje especialmente interesante es La voz del silencio (todo el capítulo VII), llamada Uyulala, la voz que corre por el viento y que habla en verso: la voz de los viejos aeda que contaban historias, mitos, cuentos, narraciones... Una voz que a veces "sonaba más fuerte, otras más débil, pero sin cesar nunca por completo. Hasta cuando no cantaba o cuando hablaba él, flotaba siempre a su alrededor, en un tono constante" (p. 108). La voz cuyo "cuerpo es acento y tono" (p. 109) y que incluso en silencio pervive "¡recuerda el canto dormido!" (p. 113)
[La ficción como vía de perfectibilidad de la realidad]: "Todos los [humanos] que estuvieron con nosotros aprendieron algo que sólo aquí podían aprender y que los hizo volver cambiados a su mundo. Se les abrieron los ojos, porque pudieron veros con vuestra verdadera figura [a los habitantes de Fantasia]. Por eso pudieron ver también su mundo y a sus congéneres con otros ojos. Donde antes sólo habían encorado lo trivial, descubrieron de pronto secretos y maravillas." (p. 170)
"¿No sabes que Fantasia es el reino de las historias? Una historia puede ser nueva y, sin embargo, hablar de tiempos remotos. El pasado surge con ella." (pp. 224-225)
[Uno de los lugares protagonistas de Fantasia es Amarganz, cuyos habitantes ¡son cuentistas!]: Los amargancios, por una viejísima tradición, somos los cantores y cuentistas de Fantasia. Nuestros niños son iniciados muy pronto en ese arte. Cuando se hacen mayores, deben viajar muchos años por todos los países y ejercer esa profesión para utilidad y provecho de todos. Por eso se nos acoge en todas partes con respeto y alegría. Sin embargo, nos preocupa una cosa: nuestro repertorio de canciones e historias no es muy grande. Y tenemos que repartirnos ese poco entre muchos. No obstante, se dice que en tu mundo eras [habla a Bastián] conocido por tu capacidad para inventar historias. (...) Yo y mis conciudadanos te quedaríamos indeciblemente agradecidos si quisieras ofrecernos algunas historias nuevas." [La historia continúa cuando los amargancios cuentan su repertorio completo de unas cien historias, canciones y poesías y Bastián, a cambio, es cuenta una historia que les abre las puertas de una biblioteca que custodia muchas otras historias] (pp. 253-259)
[En la Ciudad de los Antiguos Emperadores Bastián se encuentra con los humanos que no supieron salir de Fantasia porque perdieron todos sus recuerdos y agotaron todos sus deseos, humanos que]: "ya no saben narrar. Han perdido el lenguaje" (p. 359)
En fin, no quiero aburriros con más citas y sí animaros a que leáis este libro si todavía no lo habéis hecho y a que lo releáis si ya habíais paseado antes por sus páginas hermosas. Un libro maravilloso. Imprescindible. Delicioso. Una lectura totalmente necesaria.
Saludos
PD: Juan, mi hijo mayor, también leyó este libro recientemente. Su opinión aquí.
lunes, 13 de agosto de 2012
Reflexiones sobre La Odisea de El Brujo
Ayer tuve la suerte de poder volver al Teatro Romano de Mérida para disfrutar de su Festival Clásico (su quincuagéisima octava edición). El espectáculo de ayer, además, fue muy especial para mí por varias razones, pero sobre todo porque ayer en Mérida hubo un aedo, un narrador, contando una historia extraordinaria (acaso la madre de todas las historias): La Odisea.
Uno de mis sueños como narrador es contar La Odisea (el otro, contar Tristan e Iseo. De ambos textos tengo bastantes notas y, quién sabe, tal vez en algún momento acabe por contar alguno de ellos). Como decía tengo mucho interés en este texto (que conozco bien) y, especialmente, en su versión contada.
Ayer era para mí, en suma, una noche especial porque iba al Teatro Romano a escuchar a un aedo contar una de mis historias favoritas. Y no cualquier aedo: Rafael Álvarez "El Brujo".
Me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones al hilo del espectáculo que vi y disfruté.
Cuando uno está contando, desde mi punto de vista, tiene que dar preeminencia a la historia que se cuenta. En ocasiones he deseado, de hecho, que al terminar de contar el público dijera "¿pues quién ese ese tipo que hay ahí?", ya que en ese caso la historia habría tenido tanta presencia que el narrador habría pasado desapercibido durante el espectáculo. Pero eso es un ideal, acaso imposible, pues somos también cuerpo en el escenario. Conozco a unos cuantos narradores que, en cuanto pisan las tablas, aumentan, se agigantan y toman el escenario, por encima a veces de la propia historia: ¡en muchas ocasiones alentados por el propio público! También los hay que tratan de moderar esa presencia buscando el equilibrio justo: la historia fluye y de vez en cuando ellos asoman pero en seguida vuelven a su lugar para que siga la historia tirando del público y viceversa (quizás este es el ideal que me gustaría alcanzar). Hay más tipos de narradores: los que pisan la historia, los que tropiezan con ella, los que usan la historia para hablar de sí mismos, los que te arrullan en palabras y discretos esperan en un rincón, los que se sienten portadores de una voz vieja y la alimentan... en fin, muchos tipos de narradores, acaso tantos tipos como narradores hay.
Pero es que además cuando se cuenta una historia escrita hace dos mil quinientos años el narrador debe ayudar a saltar esa brecha de tiempo (y de coordenadas culturales) para que la historia (su variante actual) brille en todo su esplendor. Es como cuando uno lee una buena edición crítica de El Quijote y se apoya en las notas al pie para ir acompañando al lector y explicando datos y cuestiones relevantes para comprender la historia. Si hay sobreabundancia de notas y son demasiado técnicas a veces resulta una compañía pesada, si son pocas y no ayudan entonces la edición falla.
A todas estas cuestiones hay que sumar otras cuando se trata de contar La Odisea, un libro bastante conocido (que no leído, creo) con historias muy populares (¿quién no ha oído hablar del capítulo de las sirenas, por ejemplo?, caray, ¡¡si sale hasta en Ice Age 4!!), cuestiones como la actualización (contextualización) de los mensajes recogidos en el libro, o la extensión del texto (la obra duró dos horas y veinte minutos), o la fidelización a la hora de transmitir la historia tal como se (supone que se) contaba hace dos mil quinientos años, etc.
Además de un riesgo grande que se corre al contar historias como esta: uno puede tender a explicar más que a contar. Personalmente opino que las explicaciones son necesarias para contextualizar, pero no más allá: explicar lo que quiere decir Homero con esta obra es dar el trabajo hecho al público, en ese sentido yo prefiero que el público salga de una sesión con dudas, cuestiones, preguntas por responder, antes que con respuestas.
Desde mi punto de vista, ayer, disfrutamos mucho de El Brujo y menos de lo que esperábamos de La Odisea. Trataré de explicarlo en esta breve crítica.
La historia comenzó de manera magistral: el narrador entre el público cantando al ritmo de la percusión (estupendos los percusionistas toda la noche) e invitando al público a cantar con él (el final de su retahíla, la réplica). Y el público, desde el primer minuto, las ¿dos mil? personas, entrando y cantando y aplaudiendo y aceptando la invitación del narrador para jugar con él, para ser parte implicada en lo que allí iba a suceder. Y yo con los pelos de punta ya.
El narrador llega al escenario y comienza a contar La Odisea (el canto I, el prólogo), y es en este mismo instante cuando empiezan las digresiones y humoradas al hilo de la narración: la reunión de los dioses le da pie para hablar de los políticos de hoy en día. Y el público entra al trapo y aplaude las reflexiones y comentarios y bromas (se reúnen los dioses y antes de empezar a hablar ya han sido citados Punset, Rajoy y Fernando Fernán Gómez, para que os hagáis una idea, ya ha habido aplausos, risas y la entrega es total).
Cuando comienza la historia de Ulises liberado al fin de Calipso las digresiones y apariciones del narrador son cada vez mayores (alentadas por gran parte de los asistentes). Uno no sabe si es que El Brujo se encontraba cómodo y feliz con el respetable (era además la última representación en Mérida) y se iba emborrachando de público (no sé muy bien cómo explicar esta expresión: emborracharse de público es alejarse del relato y darle al público alimento fuera de la historia central, responder al feedback dejarse arrastrar por sus risas, por su emoción) o es que era así como tenía preparado el espectáculo.
Después de más de dos horas de narración los episodios que habíamos "visto" de La Odisea fueron los siguientes: reunión de los dioses donde Atenea implora a Zeus, liberación de Ulises de Calipso, viaje de Ulises hasta la tierra de los Feocios, Poseidón dificultando la llegada a tierra, Ulises en la corte de los Feocios narra su historia (en este punto sólo la del Cíclope), Ulises llega Ítaca, es reconocido por su perro, ve a su hijo Telémaco, ve a su padre Laertes, mata a los pretendientes y Penélope lo reconoce. Ah, y aparición final de los dioses diciendo que no más lucha. En resumen, una idea bastante clara del texto, pero muy desbrozado, dejando en el camino partes importantes: nada de las Sirenas, nada de Escila y Caribdis, nada de Circe, nada de la bajada al Hades, ni Lotófagos... entre otras cosas. Y de los seis cantos de la telemaquiada apenas una cita.
Y esto podría valer si hubiéramos dicho que el tiempo apremiaba, pero no era así, porque había mucho tiempo, mucho, para hablar de otras cosas (como los monjes de Silos, o hacer guiños constantes, críticas a la situación actual, humoradas... -algunas al hilo y otras alejadas del hilo).
De todas maneras esto es lícito: el narrador tiene la voz y decide qué contar y cómo hacerlo. Ayer las críticas a la subida del IVA para el teatro (y no para el fútbol) fueron constantes, divertidas y contumaces, y esto, como digo, es lícito (sobre todo si el público lo acepta, lo alienta y lo premia). Y no solo lícito, es que es así como seguramente esta obra era contada, con continuas digresiones por parte del aedo pidiendo más vino o mejor paga o criticando a los enemigos del pagador...
Rafael Álvarez estuvo soberbio, manejando recursos corporales (grandísimo actor, grandísimo narrador), ocupando el escenario (enorme, enorme), hablando/cantando al ritmo del aedo, contando, danzando, divirtiendo y divirtiéndose, manejando el texto (entrando y saliendo) con un magisterio asombroso.
Personalmente disfruté mucho de sus digresiones, pero sobre todo disfruté mucho (mucho, mucho) cuando nos contó La Odisea: las descripciones al más puro estilo clásico, la narración rítmica, contar y comentar lo contado (como cuando habla de Ulises nadando con los brazos abiertos, genial), los bocadillos que tendían puentes entre texto y público, el manejo de los espacios en el escenario... Y el momento final de la matanza de los pretendientes ¡extraordinario!, cargado de tensión y emoción.
Además los comentarios de acercamiento del texto, las explicaciones para seguir y comprender la trama, la contextualización a nuestros días (un canto a la resistencia)... todo ello fue maravilloso y dejaba vislumbrar el fondo que había tras las palabras del narrador (el trabajo previo de investigación, conocimiento, memoria) era enorme. Por eso tengo una sensación agridulce de no haber podido disfrutar más ayer de La Odisea.
Y un par de citas que dejó caer y que me dio tiempo a anotar en mi libreta:
"Un relato sana las heridas del alma del que lo cuenta y del que lo escucha"
"Ulises resiste porque cuenta, porque se cuenta. Eso es la cultura: contar, contarse. Eso es la cultura: resistir."
En suma, una noche maravillosa, disfrutando mucho de Rafael Álvarez "El Brujo", y disfrutando también de La Odisea. Y no fui yo solo: la representación acabó con todo el público en pie dando un larguísimo aplauso. Totalmente recomendable.
Saludos
Uno de mis sueños como narrador es contar La Odisea (el otro, contar Tristan e Iseo. De ambos textos tengo bastantes notas y, quién sabe, tal vez en algún momento acabe por contar alguno de ellos). Como decía tengo mucho interés en este texto (que conozco bien) y, especialmente, en su versión contada.
Ayer era para mí, en suma, una noche especial porque iba al Teatro Romano a escuchar a un aedo contar una de mis historias favoritas. Y no cualquier aedo: Rafael Álvarez "El Brujo".
Me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones al hilo del espectáculo que vi y disfruté.
Cuando uno está contando, desde mi punto de vista, tiene que dar preeminencia a la historia que se cuenta. En ocasiones he deseado, de hecho, que al terminar de contar el público dijera "¿pues quién ese ese tipo que hay ahí?", ya que en ese caso la historia habría tenido tanta presencia que el narrador habría pasado desapercibido durante el espectáculo. Pero eso es un ideal, acaso imposible, pues somos también cuerpo en el escenario. Conozco a unos cuantos narradores que, en cuanto pisan las tablas, aumentan, se agigantan y toman el escenario, por encima a veces de la propia historia: ¡en muchas ocasiones alentados por el propio público! También los hay que tratan de moderar esa presencia buscando el equilibrio justo: la historia fluye y de vez en cuando ellos asoman pero en seguida vuelven a su lugar para que siga la historia tirando del público y viceversa (quizás este es el ideal que me gustaría alcanzar). Hay más tipos de narradores: los que pisan la historia, los que tropiezan con ella, los que usan la historia para hablar de sí mismos, los que te arrullan en palabras y discretos esperan en un rincón, los que se sienten portadores de una voz vieja y la alimentan... en fin, muchos tipos de narradores, acaso tantos tipos como narradores hay.
Pero es que además cuando se cuenta una historia escrita hace dos mil quinientos años el narrador debe ayudar a saltar esa brecha de tiempo (y de coordenadas culturales) para que la historia (su variante actual) brille en todo su esplendor. Es como cuando uno lee una buena edición crítica de El Quijote y se apoya en las notas al pie para ir acompañando al lector y explicando datos y cuestiones relevantes para comprender la historia. Si hay sobreabundancia de notas y son demasiado técnicas a veces resulta una compañía pesada, si son pocas y no ayudan entonces la edición falla.
A todas estas cuestiones hay que sumar otras cuando se trata de contar La Odisea, un libro bastante conocido (que no leído, creo) con historias muy populares (¿quién no ha oído hablar del capítulo de las sirenas, por ejemplo?, caray, ¡¡si sale hasta en Ice Age 4!!), cuestiones como la actualización (contextualización) de los mensajes recogidos en el libro, o la extensión del texto (la obra duró dos horas y veinte minutos), o la fidelización a la hora de transmitir la historia tal como se (supone que se) contaba hace dos mil quinientos años, etc.
Además de un riesgo grande que se corre al contar historias como esta: uno puede tender a explicar más que a contar. Personalmente opino que las explicaciones son necesarias para contextualizar, pero no más allá: explicar lo que quiere decir Homero con esta obra es dar el trabajo hecho al público, en ese sentido yo prefiero que el público salga de una sesión con dudas, cuestiones, preguntas por responder, antes que con respuestas.
Desde mi punto de vista, ayer, disfrutamos mucho de El Brujo y menos de lo que esperábamos de La Odisea. Trataré de explicarlo en esta breve crítica.
La historia comenzó de manera magistral: el narrador entre el público cantando al ritmo de la percusión (estupendos los percusionistas toda la noche) e invitando al público a cantar con él (el final de su retahíla, la réplica). Y el público, desde el primer minuto, las ¿dos mil? personas, entrando y cantando y aplaudiendo y aceptando la invitación del narrador para jugar con él, para ser parte implicada en lo que allí iba a suceder. Y yo con los pelos de punta ya.
El narrador llega al escenario y comienza a contar La Odisea (el canto I, el prólogo), y es en este mismo instante cuando empiezan las digresiones y humoradas al hilo de la narración: la reunión de los dioses le da pie para hablar de los políticos de hoy en día. Y el público entra al trapo y aplaude las reflexiones y comentarios y bromas (se reúnen los dioses y antes de empezar a hablar ya han sido citados Punset, Rajoy y Fernando Fernán Gómez, para que os hagáis una idea, ya ha habido aplausos, risas y la entrega es total).
Cuando comienza la historia de Ulises liberado al fin de Calipso las digresiones y apariciones del narrador son cada vez mayores (alentadas por gran parte de los asistentes). Uno no sabe si es que El Brujo se encontraba cómodo y feliz con el respetable (era además la última representación en Mérida) y se iba emborrachando de público (no sé muy bien cómo explicar esta expresión: emborracharse de público es alejarse del relato y darle al público alimento fuera de la historia central, responder al feedback dejarse arrastrar por sus risas, por su emoción) o es que era así como tenía preparado el espectáculo.
Después de más de dos horas de narración los episodios que habíamos "visto" de La Odisea fueron los siguientes: reunión de los dioses donde Atenea implora a Zeus, liberación de Ulises de Calipso, viaje de Ulises hasta la tierra de los Feocios, Poseidón dificultando la llegada a tierra, Ulises en la corte de los Feocios narra su historia (en este punto sólo la del Cíclope), Ulises llega Ítaca, es reconocido por su perro, ve a su hijo Telémaco, ve a su padre Laertes, mata a los pretendientes y Penélope lo reconoce. Ah, y aparición final de los dioses diciendo que no más lucha. En resumen, una idea bastante clara del texto, pero muy desbrozado, dejando en el camino partes importantes: nada de las Sirenas, nada de Escila y Caribdis, nada de Circe, nada de la bajada al Hades, ni Lotófagos... entre otras cosas. Y de los seis cantos de la telemaquiada apenas una cita.
Y esto podría valer si hubiéramos dicho que el tiempo apremiaba, pero no era así, porque había mucho tiempo, mucho, para hablar de otras cosas (como los monjes de Silos, o hacer guiños constantes, críticas a la situación actual, humoradas... -algunas al hilo y otras alejadas del hilo).
De todas maneras esto es lícito: el narrador tiene la voz y decide qué contar y cómo hacerlo. Ayer las críticas a la subida del IVA para el teatro (y no para el fútbol) fueron constantes, divertidas y contumaces, y esto, como digo, es lícito (sobre todo si el público lo acepta, lo alienta y lo premia). Y no solo lícito, es que es así como seguramente esta obra era contada, con continuas digresiones por parte del aedo pidiendo más vino o mejor paga o criticando a los enemigos del pagador...
Rafael Álvarez estuvo soberbio, manejando recursos corporales (grandísimo actor, grandísimo narrador), ocupando el escenario (enorme, enorme), hablando/cantando al ritmo del aedo, contando, danzando, divirtiendo y divirtiéndose, manejando el texto (entrando y saliendo) con un magisterio asombroso.
Personalmente disfruté mucho de sus digresiones, pero sobre todo disfruté mucho (mucho, mucho) cuando nos contó La Odisea: las descripciones al más puro estilo clásico, la narración rítmica, contar y comentar lo contado (como cuando habla de Ulises nadando con los brazos abiertos, genial), los bocadillos que tendían puentes entre texto y público, el manejo de los espacios en el escenario... Y el momento final de la matanza de los pretendientes ¡extraordinario!, cargado de tensión y emoción.
Además los comentarios de acercamiento del texto, las explicaciones para seguir y comprender la trama, la contextualización a nuestros días (un canto a la resistencia)... todo ello fue maravilloso y dejaba vislumbrar el fondo que había tras las palabras del narrador (el trabajo previo de investigación, conocimiento, memoria) era enorme. Por eso tengo una sensación agridulce de no haber podido disfrutar más ayer de La Odisea.
Y un par de citas que dejó caer y que me dio tiempo a anotar en mi libreta:
"Un relato sana las heridas del alma del que lo cuenta y del que lo escucha"
"Ulises resiste porque cuenta, porque se cuenta. Eso es la cultura: contar, contarse. Eso es la cultura: resistir."
En suma, una noche maravillosa, disfrutando mucho de Rafael Álvarez "El Brujo", y disfrutando también de La Odisea. Y no fui yo solo: la representación acabó con todo el público en pie dando un larguísimo aplauso. Totalmente recomendable.
Saludos
Súmate: NO AL CIERRE DEL TEATRO MODERNO
Ante la decisión de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha de cerrar el Teatro Moderno los ciudadanos y ciudadanas, las asociaciones y colectivos de Guadalajara, y las compañías de teatro
a los responsables de la gestión cultural de nuestra ciudad y a los que lo hacen a nivel regional: a la Coordinadora de Educación y Cultura, Violeta Miguel; al Coordinador de la Coordinadora, Juan Fogué; al Delegado Provincial, José Luis Condado; a Iñigo Arteta, Jefe de Administración de la Fundación Cultura y Deporte; al Jefe de Servicio de Actividades Culturales, Juan Ramón Pardo; a Francisco Javier Morales, Director General; al Consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marín:
1) El Teatro Moderno es el único en toda Castilla La Mancha de titularidad regional. La Junta de Comunidades debe asumir su responsabilidad de gestionarlo aún cuando los tiempos son difíciles. Porque la cultura sigue siendo necesaria, totalmente reivindicable, y una de las obligaciones que tienen que atender los gestores de lo público.
2) El Teatro Moderno cuenta con, al menos, cuatro días en semana de programación estable y respaldada por los espectadores, especialmente cada domingo. Luego ni son motivos de inactividad ni de falta de público.
3) El Teatro Moderno conlleva los gastos que suman la plantilla de una única trabajadora más los gastos de mantenimiento del edificio, por lo que tampoco podemos creer que se cierra por cuestiones económicas.
4) El Teatro Moderno supone, por todo ello, una importante fuente generadora de empleo para numerosas compañías de teatro de toda la región.
5) El Teatro Moderno aporta vida al casco antiguo de la ciudad, que cada día muere un poco más sin que parezca importarles a ninguno de los gestores de la misma.
6) El Teatro Moderno ha acogido durante diecisiete años actividades culturales que no tienen cabida en ningún otro espacio de la ciudad: teatro para grandes y pequeños, música, danza, títeres, cuentos, cine en versión original, cortometrajes, estrenos y mucho más. Sus puertas siempre han estado abiertas: a todas las compañías de la región, a los grupos amateur, a los escolares y a todos los colectivos de Guadalajara que tenían algo que mostrar.
Un sitio para hacer y para ver lo que otros hacían, un rincón vivo que no podemos dejar morir. Todos perdemos si se cierra el Teatro Moderno, incluida la ciudad.
PEDIMOS
a los responsables de la gestión cultural de nuestra ciudad y a los que lo hacen a nivel regional: a la Coordinadora de Educación y Cultura, Violeta Miguel; al Coordinador de la Coordinadora, Juan Fogué; al Delegado Provincial, José Luis Condado; a Iñigo Arteta, Jefe de Administración de la Fundación Cultura y Deporte; al Jefe de Servicio de Actividades Culturales, Juan Ramón Pardo; a Francisco Javier Morales, Director General; al Consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marín:
¡NO AL CIERRE DEL TEATRO MODERNO!
1) El Teatro Moderno es el único en toda Castilla La Mancha de titularidad regional. La Junta de Comunidades debe asumir su responsabilidad de gestionarlo aún cuando los tiempos son difíciles. Porque la cultura sigue siendo necesaria, totalmente reivindicable, y una de las obligaciones que tienen que atender los gestores de lo público.
2) El Teatro Moderno cuenta con, al menos, cuatro días en semana de programación estable y respaldada por los espectadores, especialmente cada domingo. Luego ni son motivos de inactividad ni de falta de público.
3) El Teatro Moderno conlleva los gastos que suman la plantilla de una única trabajadora más los gastos de mantenimiento del edificio, por lo que tampoco podemos creer que se cierra por cuestiones económicas.
4) El Teatro Moderno supone, por todo ello, una importante fuente generadora de empleo para numerosas compañías de teatro de toda la región.
5) El Teatro Moderno aporta vida al casco antiguo de la ciudad, que cada día muere un poco más sin que parezca importarles a ninguno de los gestores de la misma.
6) El Teatro Moderno ha acogido durante diecisiete años actividades culturales que no tienen cabida en ningún otro espacio de la ciudad: teatro para grandes y pequeños, música, danza, títeres, cuentos, cine en versión original, cortometrajes, estrenos y mucho más. Sus puertas siempre han estado abiertas: a todas las compañías de la región, a los grupos amateur, a los escolares y a todos los colectivos de Guadalajara que tenían algo que mostrar.
Un sitio para hacer y para ver lo que otros hacían, un rincón vivo que no podemos dejar morir. Todos perdemos si se cierra el Teatro Moderno, incluida la ciudad.
¡NO AL CIERRE DEL TEATRO!
GUADALAJARA DEFIENDE EL MODERNO
Blog de la plataforma NoAlCierreDelTeatroModerno.
Pétala en Boolino
Pétala, el álbum que hicimos Luciano Lozano y un servidor y que publicó OQO, ha sido seleccionado hoy como libro del día en Boolino, web dedicada a la LIJ. Siempre es fantástico que libros con unos añitos ya sigan teniendo recorrido.
Aunque la reseña incide bastante en la cuestión del agua (la intencionalidad del cuento en este tema, lo importante que el agua es para la vida, el valor didáctico de la historia, etc.), también hace unas reflexiones interesantes (al final de la reseña) sobre el valor de Pétala como historia.
Un aspecto que pocas veces (o ninguna) he leído en reseñas sobre este cuento es el de la figura del dragón (que evoca a los monstruos maravillosos de Sendak) y que es, sin duda, el verdadero elemento de atracción de esta historia. Historia, por otro lado, vieja como muchas, que tiene un bueno pequeño (frágil, aparentemente débil), un malo grande (fuerte, aparentemente invencible) y que, gracias a la astucia, el pequeño consigue vencer al grande. Y todo ello a pesar de que el detonante de esta historia, el problema, el pero, la chispa que pone en marcha la acción, sea la bendita agua.
Podéis leer la reseña aquí.
Saludos
Aunque la reseña incide bastante en la cuestión del agua (la intencionalidad del cuento en este tema, lo importante que el agua es para la vida, el valor didáctico de la historia, etc.), también hace unas reflexiones interesantes (al final de la reseña) sobre el valor de Pétala como historia.
Un aspecto que pocas veces (o ninguna) he leído en reseñas sobre este cuento es el de la figura del dragón (que evoca a los monstruos maravillosos de Sendak) y que es, sin duda, el verdadero elemento de atracción de esta historia. Historia, por otro lado, vieja como muchas, que tiene un bueno pequeño (frágil, aparentemente débil), un malo grande (fuerte, aparentemente invencible) y que, gracias a la astucia, el pequeño consigue vencer al grande. Y todo ello a pesar de que el detonante de esta historia, el problema, el pero, la chispa que pone en marcha la acción, sea la bendita agua.
Podéis leer la reseña aquí.
Saludos
sábado, 11 de agosto de 2012
De cuentos tuit ilustrados
Ya os he dicho en más ocasiones que todos los días escribo un cuento en tuíter (desde mayo, si no recuerdo mal). Sucede que entre quienes reciben el cuento hay ilustradores y a veces ese brevísimo relato les resulta inspirador. Podéis pinchar en el enlace para verlo con vuestros propios ojos ;-))
Saludos
Saludos
viernes, 10 de agosto de 2012
La mujer justa
Acabo los días de playa y con ellos termino la lectura del último de los libros que me traje: La mujer justa, del escritor húngaro Sándor Márai, traducido por Agnes Csomos y publicado por la editorial Salamandra en su colección de Narrativa. De este autor he leído algún otro libro.
El libro nos cuenta una misma historia narrada por tres de sus protagonistas: Marika, Péter y Judit, aunque leídas/contadas las tres uno se da cuenta de que los tres puntos de vista nos permiten leer tres historias distintas. La historia no es compleja en sí: un hombre rico enamorado de su criada se casa con otra mujer, luego se divorcia de ésta y acaba casándose con la criada (de la que se separará después).
Para la primera mujer, la criada es "la mujer justa", pues sabe esperar. Para el hombre, su primera esposa es "la mujer justa", pues hace lo imposible por él. Y para la tercera mujer en discordia... tendréis que leerlo para saber quién es su "hombre justo".
Sándor Márai es un autor especial, que ahonda en las historias y llega hasta los detalles más pequeños. Uno de esos autores que es capaz de sumergirse hasta lo más profundo del alma de sus personajes. Es emocionante leer sus libros, ir desbrozando la trama, ir desvelando capa a capa las emociones y los sentimientos. Una historia aparentemente sencilla acaba por mostrarse enorme, inabarcable, llena de elementos relevantes intocados.
En esta ocasión me ha interesado mucho un personaje (el cuarto en discordia) que aparece citado por los tres narradores y que va siendo dibujado en hueco por las palabras y las historias que lo envuelven. Se trata de Lázár, el escritor (¿acaso trasunto del propio Sándor?), un tipo muy interesante que en las últimas páginas del libro toma verdadero protagonismo.
La prosa demorada de este escritor está llena de pepitas de oro, de pensamientos y destellos que hacen brillar los días (y las páginas de sus libros). Podría llenar este post de citas, pero sólo pondré algunas de las que más me han interesado.
"Sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo. Quiero decir que sólo si te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido," (p. 215)
"Yo no puedo contarlo con palabras. De algún modo, parece que las palabras no sirven para expresar nada que de verdad sea importante en la vida... lo que es fundamental, como el nacimiento o la muerte. Eso no se puede expresar ni con las palabras verdaderas." (p.325)
[Lázár habla sobre la desaparición de la cultura]: "La gente sólo tendrá conocimientos y no es lo mismo. Sepa que la cultura es experiencia. Una experiencia constante, como la luz del sol. Los conocimientos sólo son una carga." (p.380)
"La cultura es cuando una persona, o un pueblo, se colman de una alegría inmensa. (...) ¡Imagínate un pueblo que vive con alegría! Y esa alegría es la cultura." (p. 413)
Dice Isabel, mi librera de vacaciones y lectora de Márai, que este es quizás el peor libro de Sándor Márai. Si eso fuera cierto, siendo el peor, es un libro hermoso en el que merece la pena zambullirse y nadar y dejarse llevar por sus corrientes. Un libro demorado para días de vacaciones.
Una lectura recomendable.
Saludos
El libro nos cuenta una misma historia narrada por tres de sus protagonistas: Marika, Péter y Judit, aunque leídas/contadas las tres uno se da cuenta de que los tres puntos de vista nos permiten leer tres historias distintas. La historia no es compleja en sí: un hombre rico enamorado de su criada se casa con otra mujer, luego se divorcia de ésta y acaba casándose con la criada (de la que se separará después).
Para la primera mujer, la criada es "la mujer justa", pues sabe esperar. Para el hombre, su primera esposa es "la mujer justa", pues hace lo imposible por él. Y para la tercera mujer en discordia... tendréis que leerlo para saber quién es su "hombre justo".
Sándor Márai es un autor especial, que ahonda en las historias y llega hasta los detalles más pequeños. Uno de esos autores que es capaz de sumergirse hasta lo más profundo del alma de sus personajes. Es emocionante leer sus libros, ir desbrozando la trama, ir desvelando capa a capa las emociones y los sentimientos. Una historia aparentemente sencilla acaba por mostrarse enorme, inabarcable, llena de elementos relevantes intocados.
En esta ocasión me ha interesado mucho un personaje (el cuarto en discordia) que aparece citado por los tres narradores y que va siendo dibujado en hueco por las palabras y las historias que lo envuelven. Se trata de Lázár, el escritor (¿acaso trasunto del propio Sándor?), un tipo muy interesante que en las últimas páginas del libro toma verdadero protagonismo.
La prosa demorada de este escritor está llena de pepitas de oro, de pensamientos y destellos que hacen brillar los días (y las páginas de sus libros). Podría llenar este post de citas, pero sólo pondré algunas de las que más me han interesado.
"Sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo. Quiero decir que sólo si te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido," (p. 215)
"Yo no puedo contarlo con palabras. De algún modo, parece que las palabras no sirven para expresar nada que de verdad sea importante en la vida... lo que es fundamental, como el nacimiento o la muerte. Eso no se puede expresar ni con las palabras verdaderas." (p.325)
[Lázár habla sobre la desaparición de la cultura]: "La gente sólo tendrá conocimientos y no es lo mismo. Sepa que la cultura es experiencia. Una experiencia constante, como la luz del sol. Los conocimientos sólo son una carga." (p.380)
"La cultura es cuando una persona, o un pueblo, se colman de una alegría inmensa. (...) ¡Imagínate un pueblo que vive con alegría! Y esa alegría es la cultura." (p. 413)
Dice Isabel, mi librera de vacaciones y lectora de Márai, que este es quizás el peor libro de Sándor Márai. Si eso fuera cierto, siendo el peor, es un libro hermoso en el que merece la pena zambullirse y nadar y dejarse llevar por sus corrientes. Un libro demorado para días de vacaciones.
Una lectura recomendable.
Saludos
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