lunes, 27 de enero de 2014

Camuñas

En estos días hemos disfrutado en casa de un cuentito bien interesante titulado Camuñas, es un libro álbum escrito por Margarita del Mazo e ilustrado por Charlotte Pardi que ha publicado la editorial OQO y que va ya por su tercera edición (ahí es nada).


El libro nos habla de un brujo llamado Camuñas que, como todos los personajes  malos de los cuentos (que se precien) tiene la costumbre de comer niños y niñas. Sin embargo una noche este brujo se topó con Blanca, una niña con muy poco miedo y mucho desparpajo, que dio al traste con su afición por comer tiernas criaturitas, ¿y cómo lo hizo?, bueno, eso tendréis que descubrirlo vosotros y vosotras en el libro.
La historia está contada con una agilidad y un ritmo estupendos, el diálogo entre Blanca y Camuñas es muy divertido y hará las delicias de grandes y pequeños, y la resolución dejará muy satisfechos a niños y niñas. La historia utiliza muchos recursos orales (no en vano Margarita es una cuentista de tomo y lomo) y se cuenta con gusto. Merecen también mención especial las ilustraciones de Pardi, que acompañan y complementan a la perfección el texto y que nos dibujan un Camuñas que da poco miedo y despierta mucha ternura.
Hay muchas referencias y evocaciones interesantes en este cuento. Para empezar el nombre del protagonista, Camuñas, nos recuerda al tío Camuñas, uno de los asustadores más reconocidos en el panorama peninsular (inspirado en una figura histórica) y, al mismo tiempo, un ejemplo de andar desastrado, mal aseado, etc. ("pareces el tío Camuñas"). Margarita recoge estos dos elementos y los utiliza como motor de su personaje (asustador desastrado) y le da, además, una cualidad propia (y rimada: las uñas): de manera que todo encaja a la perfección.
Para continuar la niña protagonista, Blanca, en su diálogo con Camuñas nos recuerda (de una manera inversa) al diálogo entre Caperucita y el Lobo, pero sobre todo nos hace evocar a otra niña estupenda: Lucila, capaz de hacer explotar de rabia al mismísimo Monstruo Peludo.
Por último me gustaría citar ese detalle de la lámina final un tanto castrador (que diría algún sesudo psicoanalista) que, pienso, es muy interesante y, desde el ámbito simbólico, refuerza los recursos para que los más pequeños asuman y enfrenten los miedos. Muy sugerente, de veras, como todo el libro, ese paso de Camuñas a Pirujo que se materializa de forma definitiva en la última ilustración (bueno, tan definitiva como puedan durar unas uñas cortas).
En suma, un libro estupendo que me ha gustado mucho y que os recomiendo.
Saludos

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