lunes, 20 de julio de 2015

Tenemos que hablar de Kevin

Acabo de terminar de leer Tenemos que hablar de Kevin, libro escrito por Lionel Shriver, traducido por Javier Calzada y publicado por Anagrama. Hace meses que Paloma me recomendó este libro que, por sus casi 600 páginas, he tenido encima de la mesilla a la espera de los días demorados de verano en los que puedo leer con más tiempo y calma. El libro ganó el Premio Orange en 2005.


Ha sido un acierto dejar este libro para el verano, porque es una lectura absorbente que te atrapa desde las primeras cartas. Y digo cartas porque se trata de una novela de género epistolar en el que una mujer escribe a su marido contándole su historia en común (y la de su familia, y en especial la de su hijo Kevin) desde su punto de vista.
Me ha dejado completamente noqueado esta novela, me ha encantado cómo está organizada la trama, cómo se va desvelando poco a poco la historia en la que nos vamos adentrando, cómo vamos vislumbrando hechos que se van confirmando según avanza la lectura. Y también cómo va ahondando en las historias y los personajes, cómo reflexiona a partir de los pequeños detalles de los días, ¡es deslumbrante el jugo que va sacando de cada momento, de cada mirada!
El transcurso del libro va variando el propio tema que (tal vez creemos) es el eje del libro: acaso la relación, de pareja, acaso la propia maternidad (con una mirada descarnada), acaso... (uy, no he de desvelarlo). Toda la novela se articula alrededor de un día, un jueves muy concreto del que vamos sabiendo detalles poco a poco mientras vemos como los días (y los hechos, los afectos, los silencios, las discusiones...) avanzan hacia él de manera implacable.
En verdad una lectura extraordinaria (y dura) que os recomiendo encarecidamente. Uno de esos libros que te mantienen en vilo (en vela) hasta llegar a la última página (el pasado viernes fue mi velar hasta las 4,22 de la madrugada). Ah, por cierto, me gusta también que tras la última página uno no tiene respuestas claras ante aquel jueves, sino más bien preguntas y, sobre todo, la mirada propia de la narradora, descarnada, plena de certezas y, también, de dudas.
Una lectura que no debéis dejar escapar.
Saludos

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