martes, 12 de enero de 2016

El día en el que aprendí a domar arañas

Acabo de leer El día en el que aprendí a domar arañas, una novela escrita por Jutta Richter, traducida del alemán por L. Rodríguez López y publicada por la editorial Lóguez. Esta autora me tiene enamorado.


El libro está narrado por una niña que, a pesar de tener una pandilla de amigos, hace uno nuevo; este "a pesar" tiene que ver, más que con la pandilla, con el nuevo amigo: un chico extraño, diferente, algo marginal, que está excluido del grupo de amigos "de gente de bien". Aun así la protagonista y Rainer (el "dackel rastrador", o como lo describe la propia narradora: "Un aguafiestas.  Un flojo. Un absoluto perro retorcido."). La relación entre la protagonista y este muchacho está contada de una manera magistral por ese estilo desapasionado, armado con pequeñas frases (como a brochazos pero de una precisión deslumbrante), con el que la autora nos suele regalar un libro sí y otro también.
Además del estilo y de cómo está tramada la historia -además de los personajes protagonistas (y el coro brutal de secundarios)-, emociona lo que se nos cuenta, alcanzando el momento álgido el instante en el que ese destino al que parecen abocados algunos personajes (y tantas personas) toma cuerpo en un golpe, y se hace presente (de manera tan evidente y ante un lector y un protagonista impotentes) ese círculo de la exclusión del que parece que no hay escapatoria.
Aunque para mí el momento más emocionante de la novelita es la incursión de Rainer y la narradora en la casa de los horrores, una visita a los márgenes, una metáfora pura de la exclusión donde tanto los de fuera como los de dentro, tienen miedo.
Una lectura emocionante, dura, intensa. Un libro que disfruté del tirón, que os recomiendo, y que quiero volver a releer. Y una autora que muy pronto va a entrar en mi galería de favoritos.
Saludos

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