jueves, 16 de marzo de 2017

Me entrevista... mi hijo Miguel

El otro día la profesora de Lengua y Literatura puso como tarea en la clase de mi hijo Miguel que hicieran una entrevista. Miguel tuvo claro desde el primer momento que me la quería hacer a mí y, a pesar de mis reticencias iniciales, acabó saliéndose con la suya.
La verdad es que estuvo varios días pensando las preguntas y pasamos algunos ratos de charla sobre cómo quería enfocarlas. Al final esto fue lo que me preguntó y esto lo que contesté. Hoy, que han pasado unos días (y que ha sacado una buena nota, todo hay que decirlo), hablábamos y me comentaba por qué cuando me hacen una entrevista por ahí la publico y no había publicado la suya. Así que aquí la tenéis: un hijo pregunta a su padre.


-Cuando eras pequeño: ¿Qué oficio querías tener de adulto?
Siempre recuerdo haber querido ser escritor, pero ha habido un montón de oficios que me gustaban: bombero y astronauta por descontado, pero también profesor, músico…

-¿Por qué cambiaste de idea?
En realidad soy escritor, escribo cuentos y tengo más de 25 libros publicados, en su gran mayoría para lectores infantiles, pero mi oficio, lo que me da de comer, es contar cuentos. Ser cuentista (o narrador oral, de las dos maneras me gusta llamar a esto que hago) no fue una elección que hice de manera consciente, más bien ocurrió que, poco a poco, fue sucediendo: un día conté un cuento y cuando me di cuenta, unos meses después, estaba cobrando por hacerlo. Durante unos cuantos años compatibilicé contar cuentos con otras actividades laborales, pero prácticamente desde hace 20 años es mi oficio.

-¿Desde cuando llevas contando cuentos?
Empecé a contar cuentos un 6 de febrero de 1994, esa fue la primera vez que contaba historias fuera de mi círculo de amigos y, como ya te he dicho, no fue una acción consciente, simplemente ocurrió que yo había escrito un cuento, que ese día se inauguraba una actividad denominada Viernes de los Cuentos, que mi pareja y yo decidimos ir a ver de qué iba… y cuando me di cuenta estaba contando el cuento que había escrito esa tarde frente a un público que escuchaba muy atento.

-¿Qué sentiste la primera vez que saliste a un escenario lleno de gente?
La primera vez que subí a un escenario propiamente dicho fue en el Teatro Moderno, allí conté cuando apenas llevaba un año contando cuentos y a un público compuesto básicamente de otros narradores, bibliotecarias, programadores… fue bastante complicado, pero el recuerdo que tengo es que lo pasé muy bien (y así sigo, disfrutando mucho cada día con mi trabajo).

-¿Alguna vez te has bloqueado en medio de una sesión?
Uy no, eso no me ha pasado nunca, ¡y espero que no me pase! En realidad contar cuentos es hacer la historia al mismo tiempo que la cuentas, por eso si hay alguna parte que no recuerdas o no tienes muy clara puedes ir por otros derroteros (siempre que todo tenga un sentido y resulte verosímil), por eso si dejas que la historia fluya de manera natural es difícil bloquearte o quedarse en blanco (en mi vida he visto sólo una vez a una narradora quedarse en blanco, ufff, resultó muy duro).

-¿Te gusta tu trabajo? ¿Por qué?
Me encanta mi trabajo, disfruto mucho haciéndolo. Podría darte muchas razones por las que me gusta esto que hago, pero te daré una que, siendo muy evidente (y algo tonta), es bien importante: yo todos los días me vuelvo a casa aplaudido. Hay muchos trabajos en los que eso no ocurre (en la gran mayoría, de hecho), y el aplauso es una manera que tiene la gente de agradecerte lo que haces y cómo lo haces: si esto ocurriera en todos los trabajos (no me refiero a los aplausos sino a sentirte valorado y a que la gente con la que trabajas te muestre agradecimiento por tu profesionalidad) creo que la gente trabajaría de otra manera y posiblemente habría un ambiente más agradable (en general).

-¿Sueles viajar mucho? Porque te llaman de todo el mundo, ¿No es así?
Sí, trabajo por toda España y también fuera de España, he ido con mi mochila de cuentos a más de quince países de América, África y Europa. Eso, por un lado, es fantástico porque te permite conocer lugares y personas que, de otro modo, no conocerías; pero por otro lado es algo triste también porque a veces paso largas temporadas fuera de casa y alejado de mi familia.

-¿En tu casa también trabajas?
Sí, claro, en realidad en todo oficio artístico no cobramos sólo por lo que hacemos en escena, sino que cobramos sobre todo por el trabajo que hacemos antes, para que lo entiendas, yo no cobro por contar cuentos una hora, cobro por los meses (o incluso años) que puedo tardar en encontrar esos buenos cuentos para contar, en prepararlos, en organizarlos para llevarlos delante de un público. Por eso, cuando veas a alguien contando cuentos piensa que detrás de eso que es aparentemente tan sencillo hay mucho trabajo detrás. Mucho mucho trabajo.

-¿Te gusta escribir? ¿Por qué? ¿Lo hacías de pequeño?
Sí, me gusta mucho escribir (creo que se está notando con las respuestas tan largas que te estoy dando), siempre me ha gustado, desde que era niño me recuerdo escribiendo cuentitos. En realidad me gusta mucho contar historias, ya sea por escrito ya sea de manera oral, y en ambos lugares (en el de escritor y en el de narrador) me encuentro muy cómodo y hago cosas distintas que también me hacen pasar buenos ratos.

-¿De dónde sacas las ideas? ¿Cosas que te han pasado? ¿Ideas de otras personas? ¿Imaginación?
Generalmente las ideas que saco para escribir salen de tres lugares: cosas que vivo, que me ocurren (suelen ser un punto de partida real que luego se transforman en historias completamente ficticias); cosas que he leído en libros o he visto en películas, o que me han contado (suelen ser como puntos de partida ficticios que me llevan por historias nuevas); y el papel en blanco (a veces me pongo ante el papel en blanco y busco en mi imaginación algo inesperado que pueda servir de punto de partida para una historia).

-¿Tienes algún objetivo?
Sí, mi objetivo en general en la vida es ser feliz. Me encantaría que en el lecho de muerte pudiera decir que, si pudiera elegir, querría vivir la vida que he vivido.

-¿Alguna anécdota que te haya pasado en alguna sesión de cuentos?
Como te puedes imaginar después de 23 años contando cuentos tengo un buen puñado de anécdotas, quizás una de las más impactantes me ocurrió contando cuentos en un país de Centroamérica a un grupo de niños de la calle, niños abandonados a su suerte a los que posiblemente nadie había contado nunca cuentos. En medio de aquella función un niño de la primera fila mientras me escuchaba contar se acercó hasta mí y me tocó la cara (mientras seguía atento a la historia) como para cerciorarse de que yo estaba allí y aquello que estaba ocurriendo era real.

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