domingo, 9 de febrero de 2014

Las ventajas de ser un marginado

Ayer sábado fue uno de esos días felices: llovía afuera y decidimos pasar el día en casa, leyendo y viendo cine. Yo tenía en la mesilla un libro esperando a una oportunidad como ésta y no dejé que pasara. Se trataba de Las ventajas de ser un marginado, libro escrito por Stephen Chbosky, traducido por Vanesa Pérez-Suquillo y publicado por Alfaguara. Un libro que devoré, literalmente, en una fantástica mañana de lectura.


El libro nos cuenta la historia (o historias) de Charlie, un muchacho especial, callado, muy lector, que suele pasar desapercibido (no tiene muchos amigos, no sale con chicas) y parece tener algún problema para relacionarse con los demás (muchas veces por culpa de su sinceridad descarnada). Sin embargo, ese año en el que comienza el instituto parece que algo va a cambiar. Los afanes, los secretos, el paso de los días, las fiestas, los momentos de alegría y de tristeza, las lecturas recomendadas por el profesor de literatura, la familia y, sobre todo, los momentos vividos con Sam, Patrick y el resto de nuevos amigos, arman un libro lleno de emociones, implacable y completamente enganchoso.
El protagonista y narrador (a través de esas cartas cuyo narratario desconocemos pero que podría ser el propio lector -tengo debilidad por los libros de género epistolar-) resulta completamente atractivo, desde las primeras páginas te atrapa con su manera de ver la vida y de contarla, es extraordinario y, en cuanto abres el libro, viene para quedarse. También lo que cuenta y los temas que van atravesando toda la trama (marginalidad social, despertar de la sexualidad, emociones, abusos, homosexualidad, drogas...) resultan impactantes y encajan naturalmente: todo es verosímil, todo es verdad.
He disfrutado mucho, mucho, con este libro. Ha sido una de esas lecturas gozosas y difíciles de olvidar. Si os animáis a leerlo prepararos para un viaje hondo, hermoso, duro.
Este libro, por cierto, es de esos que no se plantean si es o no es literatura infantil y juvenil (LIJ), es sencillamente buena literatura que, además, leen los jóvenes. El debate está zanjado. Y los buenos libros andan al alcance de la mano para quien se atreva a quemarse con ellos.

He encontrado además un par de citas muy interesantes sobre el hecho de contar (interesantes y contrapuestas), dos de los personajes del libro cuentan, en sendos momentos, alguna historia, y fijaos qué interesante matiz:

"Lo mejor de esta historia es que, por mucho que mi padre la cuente, nunca cambia. Él no es de los que exageran." (p. 68)

"A mi tío abuelo Phil le encanta contar la historia cuando mi abuela no está cerca. La historia siempre cambia, pero lo principal sigue siendo igual." (p. 107)

Dos formas bien distintas de contar, eh.
Un libro completamente recomendable. Una lectura enorme.
Saludos

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