domingo, 3 de noviembre de 2019

El infinito en un junco

Hace unas semanas leí, en un suplemento cultural, una elogiosa reseña de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo, un libro escrito por Irene Vallejo y publicado por la editorial Siruela en su Biblioteca de ensayo. A esta escritora la conocí por un hermoso artículo publicado en la web de AEDA: "Hilo de voz", y desde entonces no he dejado de leer las columnas que escribe para El Heraldo de Aragón. Por eso, en cuanto vi la oportunidad, compré el libro y me puse a leerlo.


El infinito en un junco es un libro sobre la invención de los libros en la antigüedad, un libro que nos recuerda que somos seres de palabras, animales que se alimentan de historias, y que la preservación de esas historias ha sido una cuestión vital para el ser humano. Por eso en este libro se habla de narración oral (mucho y de manera muy hermosa), de memoria (y de la escritura que trata de conservarla), de lectura en voz alta, de palabra y pensamiento, de libros (tablillas, rollos, etc.), de bibliotecas (absolutamente maravilloso todo lo que cuenta), de librerías, de amanuenses y copistas, de lectores y lectoras... y de cómo la escritura y los libros han sido nuestros mejores y más fieles aliados y nos han permitido establecer un diálogo a lo largo de los siglos con autores e ideas (y lo que eso ha supuesto para la humanidad).
Es muy interesante todo lo que cuenta Irene Vallejo, pero es que además es muy hermoso cómo lo cuenta, mucho. Y en este sentido me ha impresionado leer un texto tan bien documentado, tan profuso, tan lleno de datos e información pero, al mismo tiempo, un texto escrito de manera ágil (con esa aparente sencillez que es tan difícil y complejo lograr) de lectura muy amena ¡y muy enganchosa! En ocasiones tiene uno la sensación de estar atrapado por un libro de viajes lleno de anécdotas, curiosidades, aventuras.
Ocurre además que este libro está lleno de verdad y emoción: cada página transmite una gran alegría, una sincera fascinación, una honda emoción por lo que cuenta. Hasta tal punto es así que su lectura resulta ser un feliz contagio, sí, cada vez que tenía un rato para sentarme a leer El infinito en un junco era como si se desplegara ante mí un tiempo de recreo y retomara un viaje maravilloso y lejano en el que estaba embarcado.
Como os podéis imaginar el libro también ha estimulado próximas nuevas lecturas, especialmente de libros clásicos y ensayos que leí hace mucho tiempo o que tenía pendientes. Ya los tengo encima de mi mesa esperando su turno.
Ah, y no me resisto a terminar esta breve nota de lectura sin, al menos, incluir un par de citas (tengo el libro muy subrayado y lleno de anotaciones) sobre narración (pongo dos pero podría poner veinte, y todas maravillosas). Aquí van:

"En tiempos de palabras aladas, la literatura era un arte efímero. Cada representación de esos poemas orales era única y sucedía una sola vez. Como un músico de jazz que a partir de una melodía popular se entrega a una apasionada improvisación sin partitura, los bardos jugaban con variaciones espontáneas sobre los cantos aprendidos. Incluso si recitaban el mismo poema, narrando la misma leyenda protagonizada por los mismos héroes, nunca era idéntico a la vez anterior." (p. 95)

"Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños." (p. 401)

Esta lectura ha sido un regalo. Y este libro es un tesoro. No sé qué más deciros para que escapéis de los días y sus trabajos y os adentréis entre sus páginas. Leedlo. Os lo recomiendo encarecidamente.
Saludos

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