viernes, 6 de junio de 2014

Intertextualidades, juegos, reescrituras, guiños...

Hace ya muchos años que hablé en mi web sobre "Intertextualidades", una propuesta de animación lectora que busca vinculaciones, relaciones, guiños, reescrituras, homenajes... entre cuentos (texto e ilustración) de literatura infantil y juvenil; conseguí reunir unas cuantas curiosidades que podéis ver aquí. Años después hice otra pequeña entrada en este blog con algo similar: "Copias, plagios y otras diversiones", en la que escribía cuentos claramente inspirados en autores que admiro (y que forman parte imprescindible de mis días); esta entrada podéis leerla aquí.
Al hilo de todo esto conté también un par de casos de cuentos míos que salían en otros cuentos, como curiosidad os lo enlazo; y otros guiños de la ilustración que también os enlazo.

Y aquí va ahora una tercera entrega de textos que podrían tener una cierta vinculación, consciente o inconsciente. Quiero señalar antes que, según los que saben de esto, todas las historias se pueden agrupar en solo tres o cuatro tipos de historias. Así pues uno puede ver si quiere una relación muy cercana entre, por ejemplo, La cabra boba, en la que Miguel va buscando a la cabra, y La noche de los cambios, en la que el granjero va buscando a la vaca para beber su vaso de leche; por citar dos libros que conozco bien (porque los he escrito yo) pero que considero bien diferentes por la estructura interna, el desarrollo, la resolución de la trama, etc. Dicho esto, aquí van libros que he tenido en las manos estos días y que me han recordado otros libros.

Para empezar me ha sorprendido y emocionado mucho un libro de David McKee titulado Seis hombres, que ha publicado Libros del Zorro Rojo, un libro poderoso en el que McKee trabaja sin color (siendo él uno de los reyes del color) y en el que aborda temas complejos (el miedo, la violencia, el poder) de una manera sencilla y honda. El libro me sorprendió porque me recordó a otro libro del mismo autor que tengo entre mis favoritos: Negros y blancos, publicado por Anaya. Aun así, las diferencias son notables, y sobre todo los matices son extraordinarios. Merece la pena adentrarse con atención en estos dos libros maravillosos. Y si queréis saber cómo romper esa espiral infinita con la que cierran los libros os recomiendo otro álbum del mismo autor: Los conquistadores, en Kókinos.


Otro libro que he leído en estos días y que he disfrutado ha sido Feliz Feroz, de El Hematocrítico, con ilustraciones de Alberto Vázquez, publicado por Anaya. En él hay un lobo bueno que no es capaz de ser malo y de comerse a los personajes que debería en los cuentos. Este texto me recordó un libro álbum fantástico de Geoffroy de Pennart titulado El lobo sentimental y publicado por Corimbo. Os animo a que os asoméis a los dos libros y busquéis las similitudes, que alguna hay, y las diferencias, que son muchas. Seguro que pasaréis un rato bien entretenido porque, además, los dos son libros muy divertidos.


Para continuar una sorpresa que me ha tocado de lleno. El amigo Carles Cano ha publicado un libro álbum titulado ¡¡¡Abuelaaa...!!! con ilustraciones de Paco Giménez, en Anaya. Este libro es una precuela o secuela de aquel maravilloso ¡¡¡Papááá...!!! que mis hijos disfrutaban de lo lindo cuando eran más pequeños. Lo cierto es que el libro tiene muchas similitudes con un libro álbum que es muy querido por mí, La casa de mi abuela, que escribí hace ya unos cuantos años para OQO y que ilustró maravillosamente Matteo Gubellini. Si podéis echad un vistazo a los dos libros y entreteneros buscando similitudes y diferencias, la diversión está asegurada.


Volviendo a David McKee y a sus libros imprescindibles, en febrero publiqué en editorial Alba un libro álbum del que estoy especialmente orgulloso, se trata de Un monstruo, y tiene unas ilustraciones fantásticas de Leire Salaberría. Este libro tiene una coincidencia muy interesante con otro de McKee: Ahora no, Bernardo; en los dos libros el niño protagonista es un monstruo. Aunque, claro, hay muchas otras diferencias y, especialmente, el final. Insisto una vez más, merece la pena atender a los detalles y observar con los dos libros en las manos.


Y con esto termino esta nueva tanda de textos que tienen, más o menos, una cierta proximidad. Las coincidencias son algo que, obviamente, puede suceder, aprovechémoslas.
Saludos

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