lunes, 9 de septiembre de 2019

Cuentos al amor de la lumbre

El cuento que conté el pasado sábado en ESTO ME SUENA... A PUEBLO (RNE) está sacado de Cuentos al amor de la lumbre, un libro (en dos volúmenes) publicado por Antonio Rodríguez Almodóvar que reúne arquetipos de 135 cuentos populares españoles. La selección de los cuentos, la elaboración de los arquetipos y el estuduio introductorio está hecha por Almodóvar. Cuenta además con el prólogo de Caballero Bonald y las ilustraciones de Pepe Pla. El libro está publicado en Anaya.


LA COLECCIÓN
Es importante para mí inaugurar Cuentos de viejas con este libro, porque este es un libro de referencia para todos los que disfrutamos contando y escuchando cuentos. Os voy a explicar los motivos por los que me decidí a empezar con Cuentos al amor de la lumbre.
En primer lugar este libro, publicado en 1983, es un libro que popularizó de nuevo los cuentos contados, su publicación fue importante porque sirvió para recordar que teníamos un tesoro olvidado y que merecía la pena volver a darle lustre. En la década de los 80 del pasado siglo los cuentos contados y los cuentos populares recuperaron espacios en casas y corazones, pero también habilitaron nuevos lugares para ser contados: las aulas y las bibliotecas, y esta colección fue un importante revulsivo para esto que estaba ocurriendo.
Además este libro es de los pocos (si no el único) longseller que tenemos en España de cuentos populares, pues desde que se publicó en 1983 no ha dejado de reimprimirse y republicarse (y de venderse, regalarse, contarse, leerse...).
Tiene más bondades esta colección: la selección de textos nos da una visión amplia de lo que es la tradición oral española y de los cuentos que se han contado en nuestras casas durante generaciones.
Además el libro es muy particular porque no incluye versiones de cuentos, sino que son arquetipos de cuentos, es decir: Antonio Rodríguez Almodóvar seleccionó distintas variantes de un mismo cuento para elaborar un cuento ideal (que incluyera lo mejor de todas ellas), un cuento que quizás no se había contado antes (tan completo y con una estructura tan bien armada) pero que era, naturalmente, perfecto para ser contado. Esta es una gran ventaja de esta colección porque estos cuentos están directamente preparados para ser contados.
Incidiendo en esto último: el estilo es además muy pulcro, deja el texto limpio para que sea el narrador quien, una vez se haya apropiado del cuento, le dé el colorido que considere.
Y por último: el libro cuenta además con una valiosa introducción, fundamental para entender qué es la tradición oral, los cuentos contados, su estudio y su importancia.

EL CUENTO
El cuento que elegí para contar esta semana se titula "Yo dos y tú uno", es el número 84 de la colección (pp. 399-400 del vol. 2), un cuento bastante conocido. Aquí debajo tenéis el audio de la sección de Cuentos de viejas (también podéis escucharlo aquí).


Elegí este cuento, primero porque cumplía los requisitos de elección de cuentos para la radio; y segundo porque me permite hablar de un tema bien interesante para mí: las decisiones que tomamos los narradores antes de contar los textos de tradición oral. (Hoy me voy a extender un poco más con este tema para que entendáis cómo trabajo, prometo ser más breve en próximas semanas.)
Me explico. Los textos de tradición oral viven en variantes, no existe "el cuento de Caperucita Roja", existen tantos cuentos de Caperucita Roja como cuentistas lo cuentan, es más, como veces es contado, porque cada vez que se cuenta el cuento va sufriendo algunos cambios (a veces imperceptibles, otras veces muy evidentes). Lo que ocurre es que como muchos de esos cuentos ya no se cuentan, que se leen, pues tenemos textos fijados por escrito y pensamos que eso que está escrito es "el cuento" (cuando sería como comparar una foto de un bailarín con una danza en vivo).
Por eso decimos que los cuentos populares existen en variantes. Y por eso puede ocurrir que un mismo cuento pueda tener variantes que tengan un significado concreto y variantes que tengan un significado exactamente opuesto. Ojo, siendo siempre el mismo cuento.
Por eso hay dos pulsiones que laten en los cuentos populares: por un lado los cuentos no quieren cambiar (ni su forma ni su estructura) pero por otro lado quieren cambiar (para ir adaptándose a los tiempos que, obviamente, cambian). Y el equilibrio en esa doble tensión es lo que ha permitido que los cuentos populares hayan pervivido durante cientos de años tal como los conocemos.
En esta dinámica de no cambiar y cambiar juegan un papel fundamental los cuentistas. Los narradores hacemos cambios en los cuentos, en muchas ocasiones de manera inconsciente, pues los que narramos no memorizamos texto, memorizamos estructuras, y eso nos permite contar a nuestra manera las historias (adaptando vocabulario, dando un estilo propio a la historia, contextualizándola...) y en ese proceso de apropiación también puede haber cambios más profundos (estructuras que se olvidan y son reconstruidas de otra manera, por ejemplo). Pero también hacemos cambios de forma consciente.
Y por eso elegí este cuento para mostrar cómo son esos cambios conscientes. Porque muchas veces ante un texto de tradición oral no sabemos qué hacer si, por ejemplo, no termina de convencernos. En situaciones así sólo hay tres opciones: (1) contarlo tal como está recogido, (2) no contarlo o (3) hacer algunos cambios hasta que nos convenza. Las tres plantean problemas:
  • (1) contarlo como está recogido plantea problemas porque al contar nosotros el cuento somos responsables de lo que dice. Le damos voz. Y eso con un texto que no nos convence (o que dice cosas con las que no estamos de acuerdo) puede darnos unos cuantos dolores de cabeza.
  • (2) La opción segunda, no contar tradición oral, es uno de los motivos fundamentales por los que se están dejando de contar cuentos populares (tanto en espacios públicos como privados).
  • (3) Hacer cambios conscientes hasta que nos encontremos cómodos con el cuento también plantea problemas: porque muchas veces los cambios desbaratan los cuentos y los hacen totalmente prescindibles. Una vez más es importante recordar que en el mundo de los cuentos populares el camino al olvido está lleno de buenas intenciones.
De todo esto iré hablando a lo largo de este año, seguro, y lo vais a entender muy bien escuchando el cuento y teniendo el texto escrito del cuento delante. Porque como narrador considero que puedo tocar los textos de tradición oral, eso sí, he de hacerlo con respeto, con mucho cuidado y tratando siempre que el cuento gane en el proceso.

En el cuento que conté el pasado sábado tomé dos decisiones conscientes que no alteraron en nada a la estructura del cuento pero que sí afectaron al significado del mismo. Las dos decisiones fueron:
  • En mi versión oral del cuento es la mujer la que decide actuar para lograr que cambien las cosas (no el hombre, tal como está en el texto escrito, que es quien se hace el muerto para que nada cambie). Ni siquiera es una cuestión de machismo o feminismo, es una simple razón de verosimilitud: para mí lo verosímil es que quien quiere que algo cambie a su favor es quien se pone en movimiento. Así contado para mí resulta mucho más verosímil.
  • El segundo cambio consciente que hice es cambiar el argumento de "autoridad" por el de "costumbre". No creo que en una relación de igualdad en una pareja pueda haber un argumento de autoridad, pero sí puede utilizarse la costumbre como argumento. Como veis, es también una simple cuestión de verosimilitud.

Sin más (que ya va siendo largo el post) os animo a que disfrutéis de esta colección maravillosa de Cuentos al amor de la lumbre. Espero que os haya gustado el cuento y os haya interesado el post. La próxima semana, más.
Y recordad, no dejéis de contar y escuchar cuentos.
Saludos

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