lunes, 14 de enero de 2013

Papeles arrugados

En estos días acabo de terminar de leer el libro Papeles arrugados, de Diego Arboleda, con ilustraciones de Raúl Sagospe, publicada por Anaya. Otro de los libros que venían en el tesorillo de estas pasadas fiestas.


La idea de un papel que se arruga y se vuelve a alisar para volver a leerlo o a utilizarlo para dibujar, pero que será un papel que nunca recuperará su lisura original tras el trauma (de ser arrugado), es una idea que subyace en esta novela. Es eso lo que sucede en el balneario donde transcurre gran parte de la historia de esta novela: gente que viene de lugares donde la guerra ha mostrado su cara terrible llega al balneario para volver a recuperar su paz, su vida. Monstruos (picassianos, nunca mejor dicho) que recobran su humanidad (valdría esta idea también para el caballo primero) con el afecto y el cuidado de quienes trabajan en el Balneario de los Melancólicos.
Pero reducir la novela a esta trama (que no es, ciertamente, la central) sería injusto. La historia de una familia (o más bien las historias de una familia) con un padre escritor, un tío piloto de globo, una madre muy valiente, unos hijos curiosos, un abuelo que dirige un balneario y el resto de personajes (y las relaciones entre ellos), además de la presencia de la escritura y los cuentos (los cuentos contados y vueltos a contar en formas diversas), es una suma de pequeños momentos, instantes/imágenes, hilos narrativos, en los que sueños y realidad, historia y ficción, se trenzan para armar esta novelita de apariencia ligera (o lijera, que diría Jorge Gómez Soto), con texto alegre e ilustraciones abundantes, pero con vehemencia en su intención de no pasar desapercibida.
He leído este libro con gusto. Quizás la suma de temas me ha desconcertado en algún momento pero no ha sido un problema, ni siquiera una traba para la lectura. Es una novelita que permite recepciones/interpretaciones diversas. Hasta llegar a alisar del todo el papel arrugado por la historia. O la Historia.
Saludos

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