miércoles, 26 de octubre de 2016

Mejillones para cenar

En estos días he releído un libro que es ya un clásico (juvenil) de la literatura del S. XX, se trata de Mejillones para cenar, de Birgit Vanderbeke, traducido por María Presas y publicado por La Galera (en su colección Náufragos).


Si no conocéis la historia de esta familia que está esperando al padre para cenar no dejéis de asomaros a sus páginas. La narradora, la hija mayor de esta familia de cuatro miembros, nos va contando los preparativos de la cena y el tiempo de espera con su madre y su hermano y, al mismo tiempo, nos habla de la vida en esa casa con un padre autoritario y violento y con una madre (y unos hijos) que tratan de amoldarse (espeluzna ese verbo) al padre. La mirada afinada y el verbo demoledor de esta narradora van poniendo patas arriba un mundo patriarcal y lleno de infelicidad mientras desgrana momentos y recuerdos devastadores. Según vamos avanzando páginas la historia se va descarnando hasta llegar al desenlace, que es cuando suena el teléfono (exactamente a las 21,45) y los tres que esperan (desesperan) han terminado con dos botellas del vino especial.
Creo que esta relectura me ha impactado más que mi primer acercamiento al libro (hará cosa de veinte años, ay) y me encanta que soporte relecturas y siga golpeando fuerte a pesar del paso de los años.
Es, insisto, un libro cuya lectura os recomiendo.
Saludos

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