lunes, 9 de noviembre de 2009

Un libro maravilloso

Esta mañana pasé por una de mis librerías de cabecera, La ballena de los cuentos, en Guadalajara, y José, el librero, estaba feliz porque acababa de recibir un maravilloso libro que se agotó hace años y que la editorial Kókinos ha vuelto a reeditar: El pequeño rey de las flores, de Kvêta Pacovská.
La nueva edición es preciosa. Si eres profe de infantil o de primer ciclo de primaria, si tienes hijos grandes o pequeños, si te gustan los álbumes ilustrados... no dejes de echar un vistazo a este libro que ya forma parte de los clásicos de la literatura infantil del pasado siglo XX.
Otro día habrá que hablar de las editoriales artesanas, pequeñas y cuidadosas, vehementes, sabias... como Kókinos.
Saludos


domingo, 8 de noviembre de 2009

Cine, libros, comida...

Ayer fui al cine con mi mujer, queríamos ver Ágora pero no pudo ser, así que nos metimos en otra sala a ver Julie y Julia, una película gozosa basada en dos libros y en dos historias interrelacionadas en la que hay mucha y muy buena comida y ¡también un blog!
Nada más salir del cine pensé que si quería acostarme con un atracón esa noche tenía que volver a ver El festín de Babette, otra película basada en un libro (este no inspirado en una historia real) que es también una fiesta para los ojos y el estómago.
Sé que hay muchas películas en las que la comida juega un papel importante, pero estas dos ayer, de una forma azarosa, se encontraron en mi cabeza y hoy todavía tengo un delicioso buen sabor de boca y de ojo.
Y sí, sé que también hay muchos blogs de comida, así que os enlazo este de una buena amiga que es cuentista también y que cumple años el mismo día que yo (aunque ella es más guapa), Mariló (el blog, aquí): Ojo, su blog es SOLO DE DULCES, qué peligro.
Saludos

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sobre los padres colegas

Después de una intensa mañana contando en Villarrubia de los Ojos, con algunas sesiones en las que he disfrutado verdaderamente de lo lindo, me encuentro en casa con un correo de Nieves.
Nieves, amiga, compañera de universidad y profesora de secundaria, me envía este enlace con un comentario de Iñaki Gabilondo. Adoro a este hombre lúcido y comparto, una por una, todas las palabras que dice en esta alocución. Puedes verla aquí.
Un saludo

¡¡Menudo regalo!!

El otro día estuve contando en Sisante, un pueblo de Cuenca. Entre la gente que vino a la sesión hubo un grupo de profesoras y profesores muy animosos. Una de ellas, Carmen, me dijo que un cuento tradicional que había cantado le recordó a una cancioncilla que cantaba ella cuando era niña para el turno de columpio. Me dijo que me la enviaría por email, y así lo ha hecho, aquí os la dejo para que podáis escucharla (qué alborozo dan estas sorpresas). Por cierto, el cuento que yo canté está basado en una canción también de turno de columpio que cantaba mi mujer cuando era niña... qué cosas, aquí se ve lo bueno que es que haya poco para que la tradición perdure (ahora hay tantos columpios que nadie canta canciones de turno...).
Cuando hablamos de esto en Sisante me dijo la letra y tenía algunas variantes con respecto a la canción que me ha enviado, y dudaba también sobre si decían "la abuelita vieja" o "la putita vieja": los niños siempre encontraban recovecos en los juegos para transgredir (ahora es más difícil transgredir pues a veces no hay normas que transgredir).
Dice Carmen: "hablé con mi madre y me confirmó mi primera versión, de la "putita vieja" y no la abuelita. Y además que las niñas que no se querían bajar del mecedor alargaban el turno con otra retahila que yo también recordé
LA CAMPANA GRANDE YA NO COME CARNE
Y LA CHIQUITILLA TAMPOCO MORCILLA
Y EL CAMPANÓN TAMPOCO COME MELÓN.
Y LA DEL CONVENTO TAMPOCO PIMIENTO."
Carmen también me ha mandado una foto de cuando era niña y aprendía esta canción de boca de su abuela, pero no la he podido colgar porque no reconoce el formato el programa del blog.
Mil gracias y saludos.

martes, 3 de noviembre de 2009

Esos cuentos largos queridos

Toda esta semana cuento en Villarrubia de los Ojos, en Ciudad Real. Cuento en los tres colegios que hay en el pueblo, así que tengo sesiones con grupos de edades homogéneas.
Me gusta cuando tengo sesiones con público de una misma edad, es una oportunidad para contar cuentos cercanos a los centros de interés del grupo (es más difícil hacerlo cuando son niños de edades muy diversas y sus centros de interés también son diversos, obviamente).
Digo que me gusta contar a grupos de edades homogéneas y, en estos días, estoy disfrutando sobre todo cuando son niños/as mayorcitos/as (de tercero a sexto de primaria) pues en esas ocasiones puedo contar cuentos complejos, largos, que requieren mucha atención y participación por parte del público. Y es que a veces el cuerpo te pide marcha.
En estos días de hecho he podido contar Míster Cuervo, de la editorial OQO. La versión que yo cuento pasa de los treinta minutos y, al ponerme a contarlo, me he dado cuenta de que hacía mucho, pero mucho mucho tiempo que no lo contaba. Para mí es un gran gusto volver a contar un texto tan extraordinario y complejo, sobre todo cuando llevas tanto tiempo sin cruzarte con él. De alguna manera es como reencontrarse con un viejo amigo al que quieres mucho y al que, por circunstancias, hace tiempo que no ves.
Me recuerda a otros textos que han sido muy laboriosos de preparar (la historia del cerdumano, los tres reyes animales, etc) y que he podido contar en muy contadas ocasiones (algunos sólo una o dos veces en diez años).
Lo dicho, un gran placer reencontrarme con estos cuentos largos y queridos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Los cuentos de Espinosa padre (¡gran noticia!)

Acaba de llegarme un correo de José Manuel Pedrosa, parece ser que pronto será posible adquirir los cuentos de Aurelio M. Espinosa (padre) [por cierto, increíble la poca información que hay de este folklorista en internet...], la primera gran colección de cuentos recogidos en España (en la década de los años veinte del pasado siglo). Hasta hoy solo se podían conseguir los tres volúmenes (de los años cuarenta) en librerías de viejo y a precio prohibitivo (eso lo puedo asegurar yo, que tengo los tres libros). Ahora se ha revisado todo el material y se ha publicado en un único libraco:
Aurelio M. Espinosa, Cuentos populares recogidos de la tradición de España, introducción y revisión de Luis Díaz Viana y Susana Asensio Llamas (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2009), 868 pp.
Si te interesa el folklore y los cuentos ¡no dejes de comprarlo!
Saludos

Programación externa

No es la primera vez que voy a contar cuentos a un bar y no es el bar el que me ha programado. En esta ocasión la actividad formaba parte de la programación amplia de una Feria Regional del Libro. Es decir, en el programa de la Feria del Libro aparecía una sesión de cuentos para adultos en un bar del municipio.
En casi todos (y digo casi porque no recuerdo con certeza todos) los casos en los que he tenido que contar en una situación así ha habido algún problema por la sencilla razón de que el dueño del bar no siente como propia la sesión de cuentos, y esto se debe, sobre todo, a que no ha pringado nada de dinero.
En esta ocasión, aunque el dueño sabía desde hacía meses que habría cuentos (o poesía o alguna otra actividad) en esos días, en esas horas, y que la actividad la sufragaba otra institución, no tuvo ningún problema en programar A LA MISMA HORA un pequeño concierto con un cantautor local que con certeza le llenaría el bar.
Así pues me vi en medio de un dislate: en el programa de la Feria se indicaba que contaba a las 22,00; y en el bar de turno a la misma hora había prevista un concierto.
Dejando a un lado la solución a este embrollo, el quid de la cuestión está en por qué suceden estas cosas. Y yo lo veo claro: estas cosas suceden porque al dueño del bar le importa un pito la sesión de cuentos. Y al dueño del bar le importa un pito la sesión de cuentos porque no se ha implicado nada en el asunto, es decir, no ha puesto un euro.
Así que aquí va mi consejo: si programáis y pensáis que sería bueno que hubiera una sesión en un local que no es vuestro (no es tu biblioteca, no es tu teatro, no es tu carpa de tu feria...) implicad al dueño del local, porque si él colabora pagando una parte del espectáculo seguro que querrá recuperar la inversión que ha hecho y pondrá algo de esmero en ello. Y esta implicación no debe ser solo económica: explicadle también de qué va esto de los cuentos y cómo sería la mejor manera para que la actividad se desarrolle de forma lo más satisfactoria posible (no sirviendo copas al mismo tiempo, ni picando hielo, ni moliendo café...)
Y no se me confunda: hay bares donde da gusto contar (pienso en el Café La invierna, en Leganés; o en el Café de la Luna, en Logroño, por poner dos ejemplos), porque los dueños del bar apuestan por los cuentos y miman el espectáculo y saben lo que cuesta.

viernes, 30 de octubre de 2009

Una semana muy viajada

Esta semana ha sido especialmente viajantina.
El lunes, recién llegado de Las Palmas de Gran Canaria, fui a contar cuentos a Madrid, una sesión matutina para adultos, extraño horario, pero funcionó. El mismo lunes por la tarde di una charla en Benavente (Zamora). Y a última hora de la noche, estaba durmiendo en casa.
El martes lo pasé completo en Azuqueca de Henares, presentando los nuevos libros.
El miércoles me fui a Murcia a contar a la Feria Regional del Libro de Murcia. Allí pasé todo el jueves (dos sesiones de cuentos por la mañana, una presentación de un libro por la tarde, y una sesión de cuentos para adultos por la noche: una buena agenda, eh). La presentación fue estupenda, con Ángel Hernández Fernández y su maravilloso libro Las voces de la memoria, de cuentos tradicionales de la Región de Murcia. No dejéis de echarle un vistazo (aquí).
Además en Murcia me he encontrado con Clara (qué bonico está Rafa, su hijo) y Joaquín, con Rodorín y con Félix. Intenso el día.
Hoy viernes he estado trabajando con el ordenador (sigo con este tremendo maremoto que ha sido la pérdida de mi agenda cuando se fundió el disco duro de mi ordenador de casa) y esta tarde contaré en Sisante, Cuenca.
Lo dicho, una semana muy viajantina.
Esto de los kilómetros tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo. Entre lo malo está no poder abrazar a los míos tanto como quisiera. Y entre lo bueno: ver y conocer sitios y, sobre todo, gente (Sabela, Ángel, Puri, Angelines, etc).. Entre lo malo están los kilómetros que a veces se acumulan en la espalda y pesan mucho. Entre lo bueno el tiempo para leer y pensar.
Dos últimas cosas:
1. Si vienen a Murcia no dejen de pasar por el mesón Los Toneles a comer o a cenar, pónganse donde puedan ver a Evaristo, el mago de la plancha, disfruten de su labor metódica y del enjambre bullicioso de camareros que revolotean a su alrededor. Ah, y excelente el revuelto de verduras.
y 2. Esta mañana antes de dejar la habitación del hotel estaba leyendo el libro de Haruki Murakami Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, y resulta que uno de sus capítulos se titula: "El origen del deseo. En la habitación 208. Atravesando la pared" (ed. Tusquets, p. 338). ¿Adivináis en qué número de habitación estaba yo alojado mientras leía el libro?
Un saludo

miércoles, 28 de octubre de 2009

Lo que dije cuando recibí el premio...

Estas fueron, más o menos, las palabras que dije en Las Palmas de Gran Canaria cuando recibí el premio.

En esta portada ustedes pueden leer mi nombre, lo cual me acredita como autor de este cuento. Pero yo no veo que el asunto se pueda resolver tan fácilmente, porque detrás de un nombre hay mucha gente que te apuntala, te aúpa, te da la mano, te guía. Creo que son muchos los culpables de que este cuento esté hoy aquí.
Para empezar todos los hombres y mujeres que escribieron para que yo pudiera leer y disfrutar leyendo durante mi infancia y juventud (la lista sería enorme y no quiero abusar de su paciencia).
También son culpables los maestros que me enseñaron y me animaron en este oficio mío de contar cuentos, de amar a los cuentos, personas como Montserrat del Amo, Antonio Rodríguez Almodóvar, Blanca Calvo, Estrella Ortiz, la gente del SLIJ de Guadalajara...
Pero hay más. La provincia de Guadalajara y esta isla de Gran Canaria tienen algo de culpa, pues en su seno se mima a los cuentos, se les riega y se les poda, se les alimenta y se les ama, en estos lugares los cuentos son frondosos y están vivos. No es de extrañar que en tierras como estas haya bibliotecas notables, como la Insular del Cabildo de Gran Canaria, con Nieves Pérez a la cabeza de un estupendo equipo de profesionales; o como la BPE de Guadalajara.
Tiene sin lugar a dudas gran parte de culpa Lucie Müllerová, empeñada en que escribiera un cuento de animales para ella (a pesar de que yo quería escribir uno de piratas), y empeñada en presentarse a concursos (a pesar de que yo no suelo presentarme: son tan líricos, tan seriosos, tan elevados los cuentos que ganan en los concursos que no van con mi estilo desenfadado que pretende humor -cosa seria el humor, eh).
Algo de culpa también le toca a Alberto Sebastián, por escribir su maravilloso El Capitán Calabrote, en Kalandraka, desde entonces estoy yo con esta perra por los cuentos de piratas.
Ya que estamos repartiendo culpas, diré que Ana Griot tiene una poca también, pues una tarde de febrero en la que habíamos quedado se retrasó y en ese tiempo pude tomar yo algunas notas de una idea que se me había ocurrido conduciendo mientras iba a buscarla, unas notas sobre un loro en una granja.
Otros culpables (y no poco) de que este cuento esté hoy aquí son mis hijos Juan y Miguel, pues a ellos les conté el cuento para ver si les interesaba o no, para ver si merecía la pena. No conozco mayores expertos en literatura infantil que ellos dos.
También tiene culpa Marisa Núñez, mi editora (OQO), pues con su quita-quita y tacha-tacha me ha ido enseñando a escribir para álbumes, a escribir visualizando imágenes, a pulir textos. Es maestra en lo suyo, desde luego.
Otra vez le cae culpa a Lucie, en esta ocasión por empeñarse en hacer unas ilustraciones tan maravillosas: es normal que así un cuento parezca grande.
También tiene culpa el Cabildo, por promover este concurso, y el jurado de la cuarta edición, por decidir que esta obra merecía llevarse el primer premio.
Culpa, y no poca, tiene la gente de Edelvives, Pilar Careaga a la cabeza y, muy especialmente, Llanos de la Torre, profesional como la copa de un pino, por hacer que este cuento fuera libro, hermoso libro, bello libro, apetitoso libro.
Y sobre todos estos culpables, destacan siete últimos y muy notables: mi padre, mi madre y mi hermano, por estar siempre a mi lado incluso en las más descabelladas empresas y sueños; mi mujer y mis dos hijos, por compartir los días buenos y, sobre todo, los malos. Y tú, lector, lectora, que sigues empeñado en leer cuentos que escribo. Sí, tú también tienes algo de culpa en todo esto.
Muchas gracias a todos. Siempre. Gracias

martes, 27 de octubre de 2009

Un libro, un premio

Este sábado recogí el primer premio del IV Concurso Internacional de Álbum Ilustrado "Biblioteca Insular. Cabildo de Gran Canaria". El premio fue concedido al libro Un loro en mi granja, escrito por mí y con unas ilustraciones excelentes de Lucie Müllerová. El acto se celebró en el Gabinete Literario, en Las Palmas de Gran Canaria, y resultó muy emotivo: entre el público se encontraban Antonio Rodríguez Almodóvar y Montserrat del Amo, y por supuesto algunos amigos y compañeros (Mariaje, Nieves, Iñaki, Yanira, etc).
Lo mejor del acto, además de estar con amigos, conocidos y curiosos, es que por fin se presentó el libro que ha editado bellamente Edelvives (impresionantes el trabajo de Llanos de la Torre), y con este ya van tres libros que publico este mes. No os apuréis, han coincidido en el tiempo pero no suelo sacar más de dos libros al año (este 2009 ha sido excepcional).
Hubo otras cosas estupendas el final de semana además de recoger el premio, no todos los días está uno paseando por Las Palmas de Gran Canaria o puede escaparse a Gáldar a ver la Cueva Pintada, o comer papas arrugadas y untar en mojo picón... fue un maravilloso fin de semana, la verdad.
Aquí os dejo la portada del libro, pero ya podéis echar un vistazo al cuento y decidir por vosotros mismos si en verdad merece un premio.
Un saludo