miércoles, 6 de marzo de 2013

Maravillas

Acabo de terminar de leer Maravillas, último libro de Brian Selznick, traducido por Ana H. de Deza y publicado por SM. De este mismo autor reseñé no hace mucho un libro titulado La invención de Hugo Cabret que, posteriormente, fue llevado al cine.


El libro nos cuenta las aventuras de un niño, Ben, que es sordo y que tras la muerte de su madre decide indagar en su propia historia buscando a un padre del que nada supo. Para ello, y siguiendo las pistas que le proporciona un pequeño libro, emprende un largo viaje que le llevará a esclarecer sus días.
Este libro el autor utiliza, al igual que La invención de Hugo Cabret, la combinación de texto e imagen para trenzar, en esta ocasión, dos discursos narrativos diferenciados que acaban por encontrarse en un punto más avanzado de la novela. Punto desde el que texto e ilustración se alternan para seguir contándonos la historia.
Hay otros elementos recurrentes: un protagonista solitario y abrumado por el misterio de sus días, grandes edificios algo deshumanizados y fantásticos, la idea de la amistad como el encuentro de las soledades, y la admiración que provoca la inventiva humana
Parece que el autor se felicitara de la vehemencia de los seres humanos por hallar la felicidad a pesar de las tristezas y la soledad (ese halo que siempre nos acompaña). Sucede también que Selznick parece asombrarse por las grandes (y acaso inútiles) empresas humanas como construir autómatas o clasificar el mundo: es decir, jugar a comprender a los dioses (qué imagen tan sugerente la de Ben y la anciana paseando por la maqueta de la ciudad de Nueva York cruzando puentes a zancadas), actividades que son en sí una afrenta contra la resignación.
Los libros de este autor resultan algo sombríos (esos dibujos en blanco y negro ayudan), sin embargo (y a pesar de los apagones que marcan el principio y el fin del libro) los protagonistas parecen brillar con luz propia: Ben, la anciana, Jaime.
El autor consigue crear una atmósfera algo irreal, difuminada, en la que la carga metafórica de la historia coge peso página tras página.
Otros elementos fundamentales como el museo (acaso un personaje más) y su alma en forma de libro (Maravillas) ¡en el que el protagonista acaba por meterse! (otra sugerente imagen), o la cuestión de la sordera (y, por ende, la incomunicación), dan ricos matices a la historia y a sus planos de interpretación.
El libro, en suma, me ha interesado mucho y su lectura ha resultado muy sugerente.
Os lo recomiendo.
Saludos

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