domingo, 14 de abril de 2013

Batido de chocolate y otros cuentos de sabor amargo

Lo que más me gusta una vez terminado el proceso de edición de un libro es abrir la caja en la que llegan los primeros ejemplares, coger uno, abrirlo, tocarlo, hojearlo, olerlo... y luego, pasada esta emoción primera, sentarme a leerlo (ahora sí en formato libro) cómodamente sentado. Y eso es lo que he hecho este final de semana con el nuevo libro que hemos publicado en Palabras del Candil (toda una fiesta publicar en estos tiempos, por cierto).


El viernes llegaron al almacén los ejemplares de Batido de chocolate y otros cuentos de sabor amargo del escritor, poeta, repentista... polígrafo cubano Alexis Díaz-Pimienta, el número 17 de la colección Escrito en el aire y el 37 en el cómputo total de libros publicados por la editorial. Todo un triunfo para una editorial tan pequeña y especializada como la nuestra.
Decía que el viernes llegaron los ejemplares y, como dije al principio de este post, abrí una caja, cogí un ejemplar, lo sopesé, lo hojeé, lo miré y, casi sin querer, me puse a leer las primeras líneas del primer cuento y quedé enganchado. Y así he pasado todo el final de semana, robando ratos a otras tareas para poder sentarme y disfrutar de la prosa feliz, envolvente, llena de sabor y color del amigo Alexis, dejándome enredar por sus tramas en las que la manera como todo se cuenta, cuenta, y mucho.
He vuelto a disfrutar de sus siete cuentos, de sus sutiles detalles, de sus historias contadas o sugeridas, de los secretos que se vislumbran entre líneas. He viajado hasta La Habana y he paseado con sus gentes, he vivido años convulsos y momentos trágicos y felices de sus protagonistas. He saltado a Angola o a Miami, he preparado un batido que quiso ser mortal, me he reencontrado con Yolanda o con Svetlana (o Ana, depende) y, sobre todo, he vuelto a emocionarme con mi cuento preferido, el de Pedrito Mendrugo.
Me gustan mucho estos cuentos, me gustan sus tramas, lo que cuentan, cómo lo cuentan, lo que suscitan y que, cuando uno termina de leerlos, levanta la vista del libro y deja vagar la mirada por los ecos de sus paisajes y gentes. Me gusta que al terminar cada historia uno siente que tiene más preguntas en su mochila. Un tesoro.
He pasado un final de semana gozando de este buen libro que, por lo que se ve, ha traído la primavera.
Totalmente recomendable.
Saludos

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