viernes, 9 de diciembre de 2016

Los últimos gigantes

Es una alegría que la editorial Ekaré haya rescatado del olvido a Los últimos gigantes, el libro escrito e ilustrado por François Place que publicó hace unos años la editorial Blume y que llevaba mucho tiempo agotado. Para esta hermosa edición la traducción es de Leopoldo Iribarren.


El libro nos cuenta el viaje de Archibald Leopold Ruthmore quien, tras conseguir un diente de gigante, emprende un viaje en busca de estos seres ¿mitológicos?, ¿reales? El marco histórico en el que se desarrolla es el de las grandes expediciones en las que el mundo fue desvelando sus últimas fronteras. El libro tendría tres partes bien diferentes, una primera escrita a modo de cuaderno de viaje en la que se nos va contando las aventuras que el protagonista vive durante su periplo hasta lograr llegar a la tierra de los gigantes; una segunda dedicada al estudio de dicho país y de sus habitantes, fruto de la convivencia con ellos durante casi un año; y una tercera que englobaría la vuelta al Reino Unido, la escritura y publicación de todos sus datos, y las consecuencias que ello significó.
Estas tres partes nos hacen, como lectores, cambiar la expectativa desde la que leemos. En un primer momento nos encontramos ante un libro de aventuras y exploraciones del S. XIX; después, en un segundo paso, transitamos desde ese punto de ficción a uno mayor en el que nos adentramos en el país de los gigantes y donde lo imposible es posible y lo irreal, verosímil: estamos ahora en una obra de un estudioso naturalista que nos cuenta los hábitos y costumbres de unos seres peculiares, bellísimos y delicados (que uno no deja de pensar como ballenas); y por último y tras la vuelta al Reino Unido, nos impele a regresar a un punto de ficción a ras de suelo, totalmente realista, nos hace lectores de las crónicas cotidianas, y es desde esa somera atalaya donde podemos comprobar lo que sucede cuando los planos de ficción y realidad se yuxtaponen. No quiero desvelar la consecuencia de ese último tercio del libro que tiene una importante carga metafórica y que aporta un nuevo y poderoso (¡y trágico!) significado a toda la historia.
Las ilustraciones son de una gran belleza y acompañan a la perfección a esta historia hermosísima.
Por cierto, al final se incluye un interesante apéndice con textos e ilustraciones del propio Ruthmore (notas del cuaderno del naturalista del segundo bloque del libro).
Un libro maravilloso que os recomiendo encarecidamente.
Saludos

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