sábado, 15 de septiembre de 2018

Del ritmo

Estoy leyendo Contar es escuchar. Sobre la escritura, le lectura y la imaginación, un libro que reúne ensayos, conferencias, artículos... de Ursula K. Le Guin, que ha sido traducido por Martín Schifino y publicado por Círculo de Tiza. Está siendo una delicia leerlo, lo hago a saltos, elijo los textos por los títulos y voy de un lado a otro del libro, pero sobre todo está siendo fantástico descubrir a esta autora que escribe maravillosamente y leer artículos tan poderosos, interesantes, sugerentes, ricos... En verdad ha sido toda una sorpresa (muy muy grata).

Os escribo ahora una breve nota sobre uno de los textos que he disfrutado, se trata de "La pregunta que más me hacen". Además de estar plagado de perlas hace unas reflexiones al final que son deslumbrantes. Pero antes os comparto algunas de las perlas, todas muy útiles para quienes nos dedicamos a contar historias:
"Podemos pensar y hablar de cosas que no son así y nunca fueron así, o que nunca existieron, pero podrían. Podemos inventar, suponer e imaginar. Todo ello se mezcla con la memoria. Así que somos los únicos animales que contamos historias." (p. 354)
"El arte es técnica: todo arte es siempre y de por sí producto de la técnica; pero en la verdadera obra de arte, antes y después de la técnica, hay algo esencial, un centro perdurable del ser, que es aquello que la técnica moldea y muestra y libera." (p. 351)
"Para un narrador el mundo está lleno de historias, y cuando una histora está presente, lo está, y sólo hace falta estirar la mano y cogerla.
Luego hay que ser capaz de dejar que se cuente a sí misma.
Primero hay que ser capaz de esperar. Esperar en silencio. Esperar en silencio y escuchar. Al acecho de la melodía, la visión, la historia. No hay que forcejear con ella ni empujarla, sino esperar, escuchar y estar listo para cogerla cuando se acerca. Se trata de un acto de confianza." (p. 351)

En el ensayo habla (entre otras muchas cosas) de cómo llegar a una historia, de cómo pasar de la idea a la historia, y del proceso de escribir esa historia (ella es escritora y habla, sobre todo, de escritura), pero en el momento en el que, según Ursula K. Le Guin, parece que el engranaje se pone a funcionar y el escritor empieza a escribir de manera que la historia fluye aparece un término bien interesante: el ritmo. Y el punto de partida para este concepto es una carta que Virginia Woolf escribió a su amiga Vita Sackville West y en la que dice: "El estilo es algo muy sencillo: es simplemente una cuestión de ritmo. Una vez que lo tienes, es imposible que te equivoques con las palabras. Pero, por otra parte, aquí estoy a media mañana, llena de ideas, con revelaciones y todo eso, y no puedo usarlas porque me falta el ritmo adecuado." Y desde este punto la autora del ensayo dice: "Debajo de la memoria y la experiencia, debajo de la imaginación y la invención, debajo de las palabras, como sugiere Woolf, existen los ritmos que rigen el movimiento de la memoria y la imaginación y las palabras; y la tarea del escritor [sustitúyase por el narrador] es descender hasta las profundidades necesarias para poder sentir ese ritmo, hallarlo, moverse a su compás, conmoverse con él y permitir que mueva a la memoria y la imaginación a encontrar las palabras."

Si nos centramos en el ámbito de la oralidad resulta muy evidente la cuestión del ritmo, ya sea un ritmo estructural, ya sea un ritmo formal, como tan bien explica Luis Correia Carmelo en la voz "ritmo" del Diccionario de narración oral en la web de AEDA. Analizamos las historias contadas de viva voz a partir de su trama (y su articulación), la cadencia de sus frases y palabras, sus silencios, el ritmo de lo contado, el cursus de la narración... Pero si nos fijamos en lo que dice Virginia Woolf y lo que comenta Ursula K. Le Guin, el ritmo es mucho más, es el puro estilo narrativo y no emana exclusivamente del narrador, sino que el ritmo se convierte en la misma historia, es el momento en el que encontramos el ritmo que la historia precisa cuando podemos apropiarnos de ella (o ella de nosotros) y podemos contarla; siempre que nuestra voz, nuestro cuerpo, se deje vibrar por ese ritmo, se haga ritmo. Por eso para contar es tan importante la escucha (con las historias, con el público, con los compañeros): la escucha que nos acerca a las historias y, desde este punto de vista, la escucha que nos permite saber qué ritmo tiene cada historia para ser contada.
Pero es que además la apropiación del ritmo nos facilita dar con las palabras para contar la historia, es decir, el ritmo es un elemento generador de la narración (y por tanto podría considerarse incluso previo a la misma, aunque yo más bien creo que es algo que ocurre en un mismo momento). De esta manera igual que le ocurre al poeta que busca las palabras que encajen y permitan el isosilabismo de los versos y los acentos versuales en las mismas sílabas, propiciando los hallazgos poéticos y sumando planos significativos al poeta (uno está tentado de pensar que la poesía es la exacerbación del ritmo), el narrador, la narradora, también atravesado del ritmo de la historia va tejiendo las palabras que cuentan y encajan en la melodía.
Es por eso que puede ocurrir que partes del discurso que elaboramos cuando contamos se queden fijadas en nuestra memoria: porque rítmicamente funcionan y porque no hay nada más fácil para recordar que la melodía de nuestra narración.

En algún momento ya he hablado de la importancia del ritmo (aunque no como generador del discurso narrativo), fue en esta entrada en el blog titulada "Jazzistas de la palabra", en el punto dos, cuando hablaba del Swing. Creo que la lectura de este artículo de Le Guin amplía lo que decía en el post, no solo en el papel que juega el ritmo dentro del proceso de creación y recreación de las historias, sino también en el sentido de que el ritmo de la historia y el ritmo de las palabras y frases que la conforman, es un ritmo hondo, profundo, que proviene de más atrás de la propia historia, de más allá de lo que somos (memoria, imaginación, experiencia, palabras...) y decimos, un ritmo que se preserva en la zona de sombra de las historias y nos acompaña desde muy lejos, un ritmo que nos mece y nos invita a bailar, un ritmo profundo y ancestral.

En fin, reflexiones tras leer un ensayo de Ursula K. Le Guin. Me quedan aún unos cuantos por disfrutar, así que termino ya con este post que va siendo largo para ponerme a leer. Aprovecho para invitaros de nuevo a que os asoméis a su libro Contar es escuchar y al ensayo que da título al libro (y a los demás ensayos) que, seguramente, merecerá otra entrada en este blog.
Saludos

4 comentarios:

  1. Gracias Pep por la reseña. Fíjate que tenía entre mis pendientes este libro y ahora se porqué. Saber que somos los únicos animales que contamos historias da ya de si para escribir un tratado o conversar largamente en torno a mesa y mantel. Hace poco leía otra reseña sobre el libro Sapiens de Yuval Noah Harari que es posible que no contenga tantas perlas como los de Le Guin, pero si al menos para mi una bien gorda que dice mas o menos que si nuestra especie ha prevalecido es por su capacidad de creer en ficciones compartidas. En ese saco entraría la religión(para lo bueno y lo malo), pero por supuesto y esto es lo que más me interesa personalmente los mitos, las memorias de la tribu, los cuentos maravillosos y otros muchos géneros orales. Mientras nos ponemos o no con el libro esperamos pues esa otra entrada que nos va a regalar. Abrazo. P.D: Y todo ello sin hablar del ritmo.

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    1. Aquí tienes la reseña de Sapiens en la que hablo de eso que comentas. También brutal https://tierraoral.blogspot.com/2018/06/sapiens-de-animales-dioses.html

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    2. Grazie Pep. Me haré con Sapiens de un modo u otro. Abrazo.

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  2. Gracias por la recomendación. Un lujo leer tu post.

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