miércoles, 27 de agosto de 2014

El artista que pintó un caballo azul

Hace un mes volví a colaborar con la revista chilena Había Una Vez en su número 18, monográfico sobre Artes Visuales. Para esta ocasión reseñé un libro de Eric Carle publicado en Kalandraka: El artista que pintó un caballo azul.


Hace setenta años el niño Eric Carle conoció, gracias a su maestro Herr Krauss, las pinturas de Franz Marc, unos lienzos prohibidos por aquel entonces en la Alemania nazi que solo permitía la exhibición de arte realista. Aquellas imágenes se convirtieron en un hallazgo que hoy, tantos años después, sigue alimentando a este ilustrador.
La idea de que el arte es mucho más que una representación de la realidad late en cada una de las hermosas láminas de este libro álbum. El arte se nos presenta aquí como un poderoso vehículo que nos permite transitar por caminos de ficción, ya seamos artistas o público, autores o lectores; desde ese vehículo por tierras de ficción se nos invita a ver más allá de lo que la vista muestra y, paradójicamente, se nos acerca a lo hondo de lo real, al corazón de los días.
Pero además, en este libro podemos sentir el arte como una fuerza liberadora que es capaz de romper los límites (del color, de las formas, de las normas) y encontrar nuevos ámbitos de expresión y, por lo tanto, nuevas alternativas, ideas, mundos posibles.
Casi se podría afirmar que este álbum es apenas una carpeta de dibujos de un artista, una colección de láminas, casi un catálogo de animales extraordinarios dibujados por un niño. Pero es esto y más. Es un juego con las posibilidades infinitas del arte para regar las tierras de la creación, de la imaginación (cómo no recordar otro hermoso libro similar de Carlos Pellicer López: Julieta y su caja de colores, en FCE), del arte como un espacio en el que lo imposible es posible, donde se desdibujan las líneas por muy rígidas que sean, pero sobre todo del arte como un camino para crecer… Solo hay que observar al protagonista del libro.
Una lectura sencilla que los niños pueden comprender, sentir muy cercana y que tiene un nuevo plano interpretativo a partir de las notas del epílogo en las que Eric Carle nos cuenta la historia que relaté al principio de esta nota de lectura: la de un maestro de pintura que desafiando las prohibiciones nazis enseña al pequeño Carle cuadros de Franz Marc para que sea capaz de ampliar su campo de acción y observación por las tierras de la ficción.
Un libro hermoso y generoso, con una edición bien cuidada por Kalandraka. Un libro ideal para pequeños y grandes, un canto a la fuerza de la ficción y a la necesidad del arte que nos libera y nos permite crecer. Un regalo.

Puedes leer la reseña en la revista aquí.
Puedes descargarte la revista en PDF aquí.

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