martes, 8 de junio de 2010

Un viernes inolvidable

Llevo una semana de mucho trajín y también con muy buenos momentos, algunos extraordinarios incluso.
No se trata solo de sesiones muy emotivas como la Selas de la que he hablado en otra entrada, sino de sorpresas y sesiones que acabaron siendo estupendas. Por ejemplo, el lunes estuve contando en la Feria del Libro de Madrid, allí me encontré con buenos amigos (Rafa, Sandra, Jaime), con grandes entusiastas del libro (Samuel, María, Consuelo) y, como sorpresa, allí se presentó también Ana Padovani, una de las decanas de la narración oral profesional en Argentina. Pasamos un agradable rato charlando sobre el oficio y la situación de la narración en nuestros respectivos países. Una tarde excelente.
Pero además de estos momentos el pasado viernes fue inolvidable. Os cuento.
Llegué a la biblioteca de Las Matas (en Las Rozas, Madrid), un sitio al que llevo muchos años yendo a contar y varias veces al año. Sucedió que el viernes fue puente para muchos madrileños, además hizo un día estupendo, así que al llegar a la biblioteca me encontré con apenas quince niños y diez padres esperando para los cuentos. A muchos de esos niños y niñas los conozco porque llevan años viniendo, por eso les hice una propuesta. Somos pocos, les dije, podemos hacer tres cosas: uno, que yo cuente lo que traía previsto; dos, que yo cuente lo que os apetezca a vosotros (de entre los libros que traigo y los cuentos que conozco o me pueda inventar); tres, que os cuente un cuento súper largo que me gusta mucho y que no puedo contar casi nunca porque necesito un público especial para ello.
Los niños y las niñas estuvieron un ratito deliberando y de pronto se pusieron a canturrear: que cuente el súper largo, que cuente el súper largo, que cuente el súper largo... Y allá que nos tiramos todos a la piscina y conté Los tres reyes animales y el joven que buscaba su felicidad, una versión que dura unos cincuenta minutos y que en diez años sólo he podido contar en dos ocasiones. En fin, un absoluto placer, un chute de palabras, una hora de pura oralidad. Una fiesta. Un viernes inolvidable.
Saludos

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