sábado, 19 de mayo de 2012
A propósito de Harry Potter
A PROPÓSITO DE HARRY POTTER
El jueves 21 salió a la venta la última entrega de Harry Potter. Voy a aprovechar la ocasión para hablar de este tipo de libros ya que algunas veces me encuentro con gente que me pregunta mi opinión sobre esta saga.
He pasado más de diez años en la universidad y cuatro de ellos trabajando en la edición crítica de las obras completas de Borges. Jorge Luis Borges es uno de los mejores escritores del siglo XX y, sin duda, uno de mis autores favoritos. Igual que me sucede con Borges disfruto leyendo a Cortázar, a Saramago, a García Márquez, a Augusto Monterroso, a Paul Auster, a Kafka, a Cervantes... por hablar sólo de algunos autores consagrados en el ámbito de la prosa. Se supone que soy un lector con un cierto criterio, y digo que se supone porque algo debe fallar: resulta que también me encanta leer libros del estilo de Harry Potter. Es más, llevaba una semana preguntando a mi librero de cabecera si tenía ya el último de JK Rowling en el almacén para escamotearle alguno.
En realidad, más que ser un lector crítico, lo que yo me considero es un lector sin prejuicios. Por eso cuando un amigo me dijo: tienes que leer Los pilares de la Tierra, te va a encantar, sabiendo que se trataba del típico best seller, me puse con ello. Sin prejuicios. Y me enganchó. Qué quieren que les diga: me gusta leer a Lorca, y a los Machado, y a San Juan de la Cruz. Pero disfruto también con Memorias de Idhún de Laura Gallego Díaz. (Y que conste que hoy no quiero hablar de literatura juvenil versus literatura de adultos, ese tema lo tocaré otro día).
Hace un par de años leí un artículo sobre los libros de JK Rowling (lamentablemente no puedo darles la referencia), hablaba de ese tipo de libros como de hamburguesas. Defendía la teoría de que una hamburguesa de vez en cuando pues también es un gusto. El problema es comer hamburguesas todos los días. Y en parte estoy de acuerdo con eso. Yo no siempre tomo buen vino para comer, hay días que me apetece una cocacola y, si puedo, me la bebo.
Pero no creo que se trate de justificar que se lee ese tipo de libros como cuando se come una hamburguesa o se bebe una cocacola. Yo pienso que en realidad a los seres humanos nos fascinan las historias (aquí me sale la vena cuentista), y hay historias muy bien contadas (con mejor o peor estilo) y muy bien armadas (es el caso de Harry Potter, los siete volúmenes están sorprendentemente bien encajados) que además nos tocan la superficie de la piel. Quizás no sean textos de gran hondura, quizás no haya que estar muy preparado como lector para adentrarse en sus páginas. Quizás. ¿Pero es que esto es un problema?
Personalmente, como lector, tengo días. Hay días que me apetece poesía, otros necesito cuentos (hay tantos autores maravillosos: K. Mansfield, Chejov, R. Carver...), a veces no hago más que devorar cuentos tradicionales, otros días necesito clásicos (Homero y Ovidio son mis favoritos), en ocasiones necesito literatura que me dé caña: de esos libros que te exigen mucho para darte más (es el momento de Borges, por ejemplo), pero también tengo temporadas que necesito un libro bien gordo con una trama bien armada y unos personajes bien diseñados para entretenerme sin más. Y cuanto más gordo, mejor, y si además en vez de un volumen son tres, o cuatro, o siete, mejor. Porque son pocos los libros que me quitan el sueño y me tienen hasta las cuatro de la mañana leyendo a todo trapo y lamentando ver que el final se acerca lenta pero inexorablemente.
viernes, 25 de noviembre de 2011
No más violencia contra las mujeres
"A la mujer se la agrede por ser mujer, no por ser esposa, madre o ama de casa; por eso muchas de las agresiones se producen cuando aún no se ha iniciado la relación familiar o doméstica, durante el noviazgo de la pareja, y no terminan cuando sí lo ha hecho la relación doméstica o familiar" (p.47)
"El hecho es evidente: la mujer sufre determinadas agresiones por el hecho de ser mujer, por ese papel que le han asignado para que represente bajo la supervisión del hombre, que se cree con el derecho o la potestad para controlarla o utilizarla" (p.46)
"La razón esencial reside en las circunstancias que las originan, en ese contexto patriarcal en el que la mujer es un elemento más sobre el que asentar el orden, que debe permanecer en el lugar correspondiente y desempeñando el rol asignado, puesto que de lo contrario la estructura social así construida cobraría inestabilidad. De este modo la agresión a la mujer se convierte en una violencia estructural, a diferencia de otros tipos de violencia interpersonal." (pp. 50-51)
"La violencia estructural se caracteriza porque tiene su origen y se fundamenta en las normas y valores socioculturales que determinan el orden social establecido. Surge, por tanto, desde dentro y actúa como elemento estabilizador de la convivencia bajo el patrón diseñado, puesto que contribuye a mantener la escala de valores, a reducir los puntos de fricción que puedan presentarse en las relaciones de pareja entre hombres y mujeres, y desde ahí a las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad en general, por medio de la sumisión y el control de la mujer." (p. 51)
"Las agresiones se van repitiendo de forma cíclica con la diferencia de que las lesiones son cada vez más graves y desencadenadas por motivos más insignificantes. La relación desigual que existe entre hombre y mujer se va acentuando por medio de la violencia" (pp. 72-73)
"El resultado y las consecuencias de la agresión se manifiestan tanto en el plano físico como en el terreno psíquico de la mujer" (p. 73).
Poco más tengo que decir.
Es tiempo ya (hace tiempo que fue tiempo ya) de tomar conciencia todas y todos.
Es tiempo ya (hace tiempo que fue tiempo ya) de terminar de una vez con este tipo de violencia estructural terrible.
No más agresiones contra las mujeres.
martes, 4 de octubre de 2011
Palíndromos
Fue entonces cuando comprendí que internet podía ser también un espacio para compartir y difundir conocimiento, experiencias, contenidos, etc. Y desde ese día, me sumé al grupo de quienes creyeron (y creen) que en internet hay bastante más que porno, o juegos, o pirateos.
Pero volvamos a los palíndromos que estoy hoy algo espeso.
Decía que entonces que me di de bruces con esta web (gracias a un buscador que usaba habitualmente y que se llamaba Altavista, que sigue existiendo y que supongo que alguien usará) llena de palíndromos. Y ayer, recordando todas estas cosas, me puse a buscar de nuevo y ¡oh sorpresa!, no sólo sigue existiendo esta web, sino que Víctor Carbajo ha añadido unos cuantos palíndromos más a su ya anterior excelente colección y hoy cuenta con 82.228 palíndromos en español. Ahí es nada.
Si queréis descargaros y disfrutar de una verdadera orgía de palíndromos (más allá de "dábale arroz a la zorra el abad"), no dejéis de entrar en su web.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Me aburro
Resulta cada vez más común encontrarse con niños que dicen esta frasecita de me aburro. Hay de hecho muchos niños que lo tienen como una muletilla, o como una frase de inicio de conversación, o de continuación de conversación, o de final de conversación. O como única frase de conversación. Me aburro, dicen, me aburro. Con un deje de exigencia: me aburro, haz algo para impedirlo.
Hay cada vez más niños que piensan que los adultos estamos ahí para hacer algo, lo que sea, para que no se aburran. Un niño dice me aburro y tres adultos brincan a su alrededor para que eso no suceda. Me aburro: ¿quieres un helado, un juguete, otro juguete, un globo, quieres ir al cine, al teatro, quieres un juego nuevo de la play, quieres un perrito, quieres el disneychánel, quieres ir al circo, al zoo, al museo, qué quieres? Me aburro.
A mí me ha llegado a pasar que al ir a contar cuentos a un sitio y antes siquiera de decir buenas tardes he oído a un niño exigir: me aburro. Un niño de hoy, es decir, uno de esos niños que tienen mil veces más cosas que ningún otro niño de ninguna otra generación... cuantas más cosas tienen, más parecen aburrirse.
Yo no termino de entender este asunto. Quizás es porque desde siempre he considerado que aburrirse es un priviliegio, un lujo. Sólo se aburre quien no tiene nada que hacer. ¡Y siempre hay tantas cosas que se pueden hacer! Incluso no hacer nada ya es hacer algo, algo útil, no vayan a pensar.
Aunque bien mirado, este me aburro de nuestros niños no creo que tenga nada que ver con el verdadero aburrimiento. Quizás más bien quieran decir qué hastío, hazme caso, estoy aquí, hola soy tu hijo... quién sabe. Porque el buen aburrimiento, el de verdad, como dije antes, es un lujo. Una fiesta.
Oía el otro día por la radio que en algún lugar había un club del aburrimiento, es decir, un grupo de personas se reunía en un cuarto, sentados alrededor de una mesa, con una bombilla pelada colgando del techo, sin hablar (porque estaba prohibido charlar y entretenerse, obviamente), pasando un rato mirándose los caretos. Sin más. En verdad es un club que hace honor a su nombre.
Quizás no se trate exactamente de eso. Pero pensar que aburrirse es algo negativo me parece un error. Por ejemplo: aburrirse es parte imprescindible del trabajo creativo. Así me decía Pablo Amargo, Premio Nacional de Ilustración, que él tenía que aburrirse mucho frente al papel en blanco hasta llegar a una buena propuesta.
Otro gran amigo del aburrimiento es Winnie de Puh, no el ñoño, infantiloide y jibarizado Winnie de Disney, sino el Winnie originario, el que escribió Milne e ilustró Shepard (pueden encontrar una edición maravillosa en la editorial Valdemar). Este Winnie de Puh disfruta del aburrimiento para escribir versos, inventar canciones, pasear, soñar juegos, aventuras... Porque ¿no piensan que en realidad el aburrimiento es la antesala del juego?
Cuando era niño recuerdo que lo hermoso de las dilatadas tardes de verano era el lento transcurrir de la hora de la siesta, momento aburrido donde los hubiera, y en el que uno aprovechaba para pensar en todas las cosas que haría en cuanto pudiera salir a correr las calles y los campos, o para rumiar lo vivido en días pasados, o para soñar momentos felices.
Pero hoy parece que el miedo al aburrimiento se ha instaurado entre nosotros. Es como el miedo al silencio, o como el miedo a estar solo. Parece que el aburrimiento, el silencio, la soledad, son espacios en los que uno puede retratarse. Quizás sea ese el verdadero miedo: contemplarnos.
martes, 23 de noviembre de 2010
De la memoria
De la memoria
No está de moda la memoria en las aulas, ya no se lleva. No parece que interese ya la retahíla de cabos y golfos, de ríos y cordilleras, ni tampoco la lista de los reyes Godos. Es más, no es que no se lleve, es que hemos dado un giro completo y como si de un péndulo se tratara nos hemos ido al otro extremo.
Hoy lo que se busca no es el recitado de los loros, sino la imaginación y la creatividad, el hallazgo espontáneo. Pero algo falla.
La memoria está denostada. Interesan más otro tipo de saberes y procesos, en la escuela y fuera de ella. De hecho la memoria está mal vista también fuera de las aulas. Se pide el olvido, pasar página, tapar con la tierra del tiempo los exangües recuerdos que todavía titilan en la noche del pasado.
La memoria va siendo olvidada.
Sin embargo algo falla.
Releía el otro día un interesante libro de Anthony Percival, Escritores ante el espejo (ed. Lumen); se trata de una colección de treinta y tantos textos de escritores y escritoras que reflexionan sobre su proceso creativo. Y prácticamente todos ellos coinciden en que la materia de su creación se nutre de la dialéctica entre la memoria y la invención (p. 346), porque para inventar hace falta tener un suelo sobre el que sostenerse y materia con la que armar el invento, y para eso está la memoria. Sin la memoria no hay nada sobre lo que edificar.
Los niños creativos de nuestras escuelas carecen, en muchos casos (en otros muchos afortunadamente no) de esa memoria: nadie les ha animado a cultivarla, a aprender poesías, retahílas, canciones; no han visto modelos cercanos que la ejerciten (madres, padres, abuelos, maestras...); no es una preocupación ni habitual ni puntual que la memoria del niño esté bien alimentada y cuidada. La pobre memoria se va desmemoriando, y así sucede que esos niños no son tanto creativos como impulsivos.
Este proceso se vive también en la sociedad: la memoria no tiene sentido, es mejor olvidar, que las olas del tiempo acaben por inundar los hechos y todo quede sumergido en el mar del olvido. Sin embargo cuesta tanto consensuar el olvido, sobre todo ese olvido que quiere ser ahogado, porque siempre hay algún recuerdo náufrago que se aferra y se aferra y se aferra a la vida.
Es interesante esta relación entre memoria y olvido. Hay un narrador maravilloso, Nicolás Buenaventura Vidal, colombiano afincado en París, que afirma que sólo cuando ha olvidado un cuento es cuando siente que puede contarlo. Pero ese proceso de olvido es justamente lo contrario a lo que se pretende con esta nuestra memoria histórica. Nicolás repite una y otra vez los textos que quiere olvidar, continuamente, hasta que las palabras pierden los límites y el sentido, y las ideas desdibujadas de su ropaje de palabras se ajustan a su boca. Puede contar Nicolás un cuento cuando ya no tiene que pensar en cómo contarlo, cuando ya ha olvidado la siguiente palabra que tiene que decir porque esa palabra habita ya en su lengua.
Ese olvido que nace de la memoria, que es pura memoria, es el único olvido que deberíamos consentir. Y mientras tanto, en las aulas, en la historia, en la vida, tratemos de rehabilitar la memoria. La memoria. Lo que hemos sido, somos y seremos: la memoria.
sábado, 30 de octubre de 2010
Jalogüín
A toro pasado me animo a escribir sobre este asunto de Halloween que tanto preocupa al obispo de Guadalajara. Por un lado entiendo su posición, me gusta la tradición y pienso que mucho de lo que somos está reflejado en la costumbre y la tradición.
Aunque tampoco creo que deba sobrevalorarse la tradición per se: es tradición en algún lugar tirar una cabra viva desde un campanario y no me parece que el hecho de ser tradición deba sobreponerse al hecho de ser una salvajada. Hay lugares donde es una fiesta colgar gallos o gallinas por las patas y pasar a todo trote montado a caballo y arrancarles la cabeza, opino que esta también es una tradición bestial. Hay gente que piensa que la fiesta de los toros, aunque sea tradicional, tiene poco de fiesta y mucho de brutalidad.
Lo que quiero decir es que me gusta y valoro la tradición, faltaría, siendo como soy una persona que admira, disfruta, y trata de preservar la tradición oral. Pero también pienso que ser algo tradición no es en sí un valor positivo.
De estos años que llevo contando y leyendo cuentos he aprendido que muchos cuentos han dejado de contarse porque ya no dan respuesta a las inquietudes de quienes los contaban. Los cuentos que han pervivido, sin embargo, siguen dando agua y pan a nuestro espíritu. Son cuentos capaces de cambiar con los tiempos y de permanecer a pesar de los cambios, es como si dos fuerzas pugnaran en su interior, la de conservación (quedarse como está, decir lo que quiere decir) y la de adaptación (modificiarse al menos en su forma de manera que pueda seguir teniendo cabida en bocas y orejas).
Pienso que, al igual que sucede con los cuentos, muchas tradiciones se van adaptando y otras languidecen. Y otras nuevas nacen. Por poner un par de ejemplos: tanto el Tenorio Mendocino como el Maratón de los Cuentos están pasando a formar parte de nuestra historia y nuestra cultura, de alguna forma, si no lo son ya, acabarán por ser algo inherente a nuestra ciudad: serán tradición.
Quizás Halloween es una tradición extraña a esta nuestra tierra, pero por el motivo que sea (tal vez porque en su esencia no nos resulta tan ajena), va arraigando en las nuevas generaciones. Quizás tenga razón el obispo y todo sea culpa de Hollywood y del cine usamericano, aunque buscar por buscar seguro que hay más culpables (por ejemplo el cole de mis hijos donde se trabaja tanto el inglés y fomentan estas tradiciones inglesas; por ejemplo los bares donde te invitan a una copa si vas disfrazado, etc.).
La verdad es que hace unos años, en un primer momento, sentí un cierto rechazo a esta fiesta, pero según pasan los cursos la voy percibiendo más y más interesante: creo que es difícil competir contra la idea de tratar el tema de la muerte de una forma lúdica y desenfadada, lejana de la idea de pena, tragedia, culpa, sufrimiento de este valle de lágrimas. Creo además que es sano ver así la muerte y rozarla desde la risa y el juego.
De cualquier manera Halloween es una fiesta de origen celta (Samhain), por lo que se ve anterior a la instauración del Día de Todos los Santos por el Papa Gregorio III, que, casualmente, coincide en la misma fecha. Parece que las religiones y las tradiciones han coincidido en fechas (igual sucede con el Día de los Muertos en México, inspirado y mezclado también en/con tradiciones prehispánicas), o más bien parece que la mejor manera que han tenido las religiones de perdurar es adaptarse a los tiempos, como los cuentos, y así la religión Cristiana asumió muchas fiestas paganas para elaborar su propio calendario festivo.
Las tradiciones cambian, se adaptan.
Yo en mi infancia jamás celebré de ninguna manera la noche de los Difuntos ni los Santos, sin embargo ahora la gente la celebra (tenían que haber visto la cantidad de gente disfrazada para Halloween que vi ayer en Madrid), será que la fiesta se está adaptando y, sobre todo, que la gente lo pasa bien y se divierte con ello.
Halloween es ya Jalogüín, igual que la Navidad se ha adaptado gracias al impulso de las tiendas y los grandes centros comerciales. Porque, reconozcámoslo, la Navidad no sería lo mismo sin El Corte Inglés.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Libertad e internet
Uno. Para empezar en su artículo primero afirma que "los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos". Vaya, ahí no creo que nadie vaya a poner ninguna pega, lo que no entiendo es por qué señala a los derechos de autor y no dice, por ejemplo, los intereses de un equipo de fútbol, o las comisiones de un banco, o el uso del váter. Es que este primer artículo es sorprendente: porque nada puede situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, para eso tenemos una ley marco que nos ampara y nos protege ante los abusos, sean estos cuales sean.
Cuatro. En el artículo cuarto se dice que la nueva legislación "amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural", cosa que no entiendo. Pienso que quien quiera crear (música, novela, vídeo, etc.) y usar internet para su creación, difusión, dar a conocer, etc., puede y debe seguir haciéndolo. Lo que no entiendo es que quien no quiera que así se haga, tenga que tragar y ver sus creaciones en internet sin haberlo querido o pedido.
En este cuarto punto se confunden dos términos casi sin querer: "con internet se se ha democratizado la creación y emisión de contenidos de todo tipo". No veo que crear y emitir sea lo mismo y no veo que puedan reflejarse y tratarse de una misma manera. Uno puede usar internet para crear y/o para emitir su creación. Pero hay gente que no quiere que sus creaciones artísiticas se difundan de cualquier manera en internet. ¿Estos creadores deben aguantarse entonces si alguien cuelga una creación suya sin su permiso? En el ámbito de la narración oral conozco algunos casos de narradores profesionales que han sido grabados sin permiso y sus grabaciones han sido editadas y colgadas sin permiso en internet: ¿no hay defensa ante eso? ¿que se jodan los creadores y viva la libertad (de los otros)?
Hacer una película cuesta mucho dinero, pero da igual, a veces antes incluso de su estreno uno la puede ver en internet: ¿esto es la libertad? ¿de quién? ¿del director, los actores, los productores, los camarógrafos, los directores, los dueños de salas de cine...?
Cinco. El quinto punto da una respuesta a estas inquietudes mías: "buscar otro modelo de negocio", en vez de tratar de controlar las copias ilegales, pues, según afirma este párrafo, legislar para tratar de controlar estas copias ilegales "vulnera los derechos fundamentales" (¿alguien me puede explicar de qué modo?). Vamos, que hacer una película y tratar de ganar dinero con ello es un modelo obsoleto de negocio cultural. Así estamos.
Seis. Incide en esto de que hay que adaptarse a los nuevos tiempos, porque internet es Jauja, es la libertad. Viva la libertad, por lo menos la de los internautas. La de los creadores y las industrias culturales vale menos, porque como mercadean con la cultura, que es de todos los que la consumen (sobre todo gratis, porque si cuesta ya está tocada por la sucia mano de la economía), pues que se fastidien, ya han hecho bastante negocio.
Siete. Internet "debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas", claro claro, libre y sin interferencias, un espacio puro, intocado, donde el ser humano mostrará sus bondades continuamente, y nada de control (los pederastas se estarán frotando las manos).
Nueve. "Verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras." El colmo. Como si el conocimiento fuera algo secreto, como si estuviéramos en el medievo y los libros estuvieran cerrados en las bibliotecas de los conventos. Como si los autores hubiera "quitado" a la sociedad el conocimiento y tuvieran que devolvérselo: ¿y por qué no meterlos directamente en la cárcel, por ladrones?
Mi familia tiene una tierra desde el año 1100, es una cosa casi simbólica, pero de vez en cuando uno puede pasear por allí y pensar que estos árboles los vio mi antepasado Pedro Martínez de Sibrana, y que esa ermita la levantó con su gente. Si el señor Pedro Martínez de Sibrana hoy en día escribiera un bestseller, dentro de 900 años sus herederos no tendrían nada. Pero sí podrían seguir teniendo una tierra que adquiriera hoy.
Por lo que se ve la propiedad intelectual, y la cultura, vale menos que el terruño, porque la cultura debe ser del dominio público, aunque sean los creadores quienes generen algunos de sus referentes imprescindibles. Pero claro: cualquiera puede escribir una novela, total, es una letra detrás de otra hasta la página 500.
La propiedad intelectual es lo que permite a los autores escribir, ahora sí, libremente, con libertad. Porque si los autores podemos comer de nuestros libros entonces podremos escribir libremente, y si no es así, tendremos que volver a los mecenas y a los nobles que tenían un juglar y un poeta para darse más pisto.
Pero es que hay más.
Las industrias culturales, que se citan casi con desprecio en el manifiesto, son industrias legítimas y hacen su trabajo. Un libro que usted compra por 10 euros tiene un precio ajustado, más de lo que se imagina. Tirando por lo barato el libro físico cuesta un mínimo de 2,5 euros, al autor se le paga 1 euro, a la distribución 3 euros y a la librería 3 euros: porque distribuir es vital para los libros y, les puedo asegurar, es un trabajo. Y porque vender es vital para los libros, y es también un trabajo, desde luego.
Echen cuentas: 2,5+1+3+3=9,5, es decir, la editorial, esa "empresa cultural" gana 0.5 euros por libro vendido, echen cuentas hasta que recupere la inversión y vean cuánto gana.
Y con ese libro, además, viven muchas familias: pero que se fastidien y se metan a trabajar de verdad en lo que importa: que cierren imprentas y distribuidores y que vayan todos a poner ladrillos o a cavar surcos, que eso es de verdad trabajo.
Pero eso da igual, porque lo que cuenta es que internet sea libre y todo el mundo pueda descargarse lo que quiera y cuando quiera y viva la pepa y los creadores que se busquen la vida y se amolden a los nuevos tiempos. Que se amolden ellos, los creadores, que los otros, los que tienen derechos y libertad ya están amoldados a los nuevos tiempos.
Yo pienso que quien quiera colgar sus obras en internet tiene pleno derecho de hacerlo. Cada texto que yo he puesto en internet en mi web es para que se lea y se difunda, siempre pido que se cite la fuente (porque así están las cosas, ahora hay que pedir hasta que se cite la fuente de donde se sacan las ideas y los textos), pero cuando lo he colgado en la web es porque quiero que sea accesible de ese modo a toda la gente que tenga interés.
Otra cosa bien distinta son cuentos u otros textos que NO quiero que se difundan por internet y por eso no los cuelgo. Es más, algunos ni los escribo. Y si viene cualquiera y, defendiendo la bandera de la libertad, cuelga mis textos, o una grabación mía, o cualquier otra cosa que yo he creado, sin mi permiso, creo que está obrando erróneamente y creo que la ley me tiene que amparar. Porque su libertad, digo yo, no debe valer más que la mía, vuelvo a decir yo, ¿no?
Libertad en internet, sí, pero para aquellos que quieran entrar en ese juego. Y desde luego respeto, y mucho, para quienes no estén por esa labor.
PD: Igual que he enlazado el manifiesto arriba, enlazo aquí la respuesta que ha dado CEDRO (hoy mismo, escasos minutos después de la edición de este post) a ese manifiesto.
lunes, 26 de julio de 2010
Ana Pelegrín

Ha muerto Ana Pelegrín, habitante del bosque de las palabras, exploradora de mundos imaginarios, memoria de la voz (la VOZ) que perdura desde hace generaciones (más allá de las bocas y las orejas, más allá de los inviernos y los veranos, más allá de la vida y la muerte).
Ha muerto Ana Pelegrín, maestra de maestras, amante de versos y estudiosa del folclore y la tradición oral infantil.
Ha muerto ayer. Parece mentira.
Hace quince años, cuando comenzaba a contar cuentos y a ganarme la vida con ello, leí dos libros que han sido y son referentes en mis días y mis trabajos, uno fue Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari, el otro La aventura de oír, de Ana Pelegrín. Dos libros sabios que siguen dando respuestas. Dos clásicos imprescindibles.
Ha muerto Ana Pelegrín.
Cuando, años después, la conocí en persona, quedé deslumbrado por la contagiosa pasión y el incondicional amor por la poesía. Ana hacía la palabra carne: escucharla recitar (esa gozosa memoria que no perdía un verso, una palabra, una coma) era entender la poesía por primera vez.
Su voz era la suma de las voces de generaciones de hombres y mujeres, era lluvia y era tierra en la que florecían las palabras. Su voz era la verdadera voz.
En aquella ocasión acababa de morir un amigo y recitó para todos los asistentes uno de los más hermosos poemas escritos en castellano, la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández; escucharla de su boca fue encontrar a Miguel Hernández, sentir su sentir, penar su penar, y llorar como él lloró al escribir esos versos.
Hace dos años tuve la fortuna de volver a compartir unas cuantas horas con Ana, nos habló de la poesía, nos recitó versos, nos llevó hasta la isla de las palabras de su memoria. Una isla que era un continente lleno de playas, desiertos, selvas, montañas, ríos... un mundo maravilloso habitado por versos y sentimientos.
Nos dijo en aquella ocasión que tenía que encerrarse para escribir sobre la literatura infantil en el exilio. Ha esperado hasta escribir la última página para morir. Se ha exiliado de la vida. Pero no se ha marchado: nos deja su voz, que rueda de boca en oreja, sus versos, su pasión por la literatura tradicional infantil, sus libros, sus ensayos, sus artículos... y sobre todo, su contagioso amor por la poesía.